martes, 18 de octubre de 2011

Yin Yang

Fui feliz el momento en que nací aunque no recordase muy bien qué pasó luego.
Fui feliz al sostenerme parado y trastabillar mil veces aunque me doliese cada una de ellas.
Fui feliz ante la sonrisa de mi madre aunque llorase muchos años después.
Fui feliz al ver a mi hermano en sus brazos, recién nacido, aunque nos costase muchos años crecer y amarnos.
Fui feliz al encontrar los ojos compinches en mi amiguita de jardín de infantes, aunque luego la olvidase en mi niñez.
Fui feliz cuando Jessica, Florencia y Mariana me invitaron a sus cumpleaños aunque fuesen los únicos que recordaría.
Fui feliz cuando viajé para seguir mi destino aunque me llevase al dolor y la pena de la soledad y la marginalidad.
Fui feliz al encontrarme conmigo fuera de las tinieblas del olvido aunque casi muriese más de una vez en el intento de perderme.
Fui feliz con el primer beso de mi primera novia aunque luego de un tiempo no nos viésemos nunca más y hubiésemos roto todas nuestras fotos.
Fui feliz al encontrar en mi primer mujer a quien me seguia donde fuera que fuese, aunque la hubiese entregado a su soledad y dolor más de una vez al no comprender mi propio dolor y mi propia soledad de saberme abandonado.
Fui feliz cuando conocí la magia de un momento aunque aprendiese también que ese momento jamás volvería a repetirse.
Fui feliz en Bariloche la primera la segunda y la tercera vez que fui aunque nunca tuviese el mismo atardecer.
Fui feliz al subir al escenario totalmente limpio aunque luego muchas veces más me ensuciase hasta caer.
Fui feliz al sentir los aplausos dentro de mí aunque los olvidase con el tiempo.
Fui feliz cuando conocí la vida aunque casi me costase la muerte.
Fui feliz al ver que el sol se apagaba en la montaña aunque la noche fuese fría y oscura y estuviese, solo, disfrutando el baño perlado de la nostálgica luna primaveral.
Fui feliz al sentir la música en mi corazón aunque mis heridas doliesen hasta explotar en llantos trémulos. 
Fui feliz al estallar de placer cuando al fin nos re-encontramos con ella, aunque hayamos vivido muchos intentos fallidos y los volviésemos a vivir hasta terminar irreconciliables.
Soy feliz al encontrar en cada momento de mi vida un instante de felicidad aunque en un par de segundos todo se vuelva a apagar y me funda en la adormecida masa de constante mediocridad que envuelve a la rutina y a la gente haciendo de ellas un solo pensamiento.
Soy feliz al encontrar en mi corazón un lugar cálido para estar aunque las cicatrices hayan endurecido su piel y aún no esté lo suficientemente permeable para irradiar ese calor.
Soy feliz al saber que puedo regalar estos momentos de mi vida a gente que amo y me ama, aunque quizá nunca contesten o me comenten algo de sí mismos.
Soy feliz al saber que ésa gente que amo no espera esto para decirme que me ama y no tengo que dar demasiadas explicaciones cuando les digo que siento por ellas amor.
Soy feliz aunque sepa que la felicidad que me embarga sea una nube pasajera y no sepa muy bien cuándo sea la próxima vez que emborrache mis sentimientos de amor y dolor suficientes como para escribir éste Yin Yang de alma, corazón y ser en plenitud.


Pasaron seis años desde que escribí este Yin Yang, pero a pesar de cambiar la manera de ser, de sentir y de ver, la esencia de la felicidad sigue funcionando por momentos. La Felicidad es más que solo un momento. Son todos esos buenos sentimientos hilados por el amor. ¿Y si creemos en el Amor? Yo elijo el amor.

lunes, 17 de octubre de 2011

Amistades y Desiluciones

Entre acordes de Caballeros de la Quema y Divididos conocí al que durante muchos años fue mi mejor amigo. Trece años de amistad. Pasamos muchas cosas. Nos presento el que hasta ese momento era el mejor amigo de él y un muy buen amigo mío… pero hasta él desapareció. El increíble lazo que une esas despedidas (tristes por cierto) fue mi casamiento. Resulta que quiso entender que el casamiento me llevaba para siempre, que no iba a ser más el mismo. Bueno, en cierta forma cambie. Engordé y el pelo fue cada vez más corto. Creo que pasa en el noventa por ciento de los casos. Como dice Andrés con Bersuit, quien “antes era fibra ahora se convierte en grasa”. Decía que el lazo que une mis despedidas fue mi casamiento. O más bien, mi relación con esa chica. Al unirme a ella se fue “uno”, al separarme, luego de siete años de relación, se fue “dos”. La vida pone a uno a prueba muchas veces… y con esto pone a prueba a todos los satélites que acompañan a uno en este viaje. Y fue que en el preciso momento en que más lo necesitaba se puso a cuestionar que había hecho o dejado de hacer con mi ex. Se “ofendió” por creer que no le había contado todo. Yo flipe (flasheé) dándome cuenta que se estaba yendo por el resumidero una relación de trece años por una o dos conjeturas sin sentido ante tamaña situación. Fue una de las etapas más dolorosas de mi vida. Psicológicamente estaba hecho mierda. Era la prueba más fuerte que atravesaba. Eran los sentimientos más encontrados por los que pasé. El amor de mi vida había caducado a los siete años. No sabía cómo manejarme. No sabía que decir o que callar. No tenía con quien hablar. Y este gilipollas se borraba del mapa cuando más lo necesitaba. Pero la vida es así. No tiene vuelta atrás. Cuando se corta el hilo de plata que nos une a unos con otros, por mas remendado que este después, ya está cortado y no es mas lo mismo. Me sentí muy solo en el fondo del pozo. Pero como te digo una Co te digo la O… se dice que Dios aprieta pero no ahorca. Y fue así. Gente con la que no contaba estuvieron presentes de una manera absoluta y desinteresada. Gente que conocía poco y nada abrió su corazón y lo compartió con el mío. Fue como cuando un motor se queda sin batería pero se conecta con otro y el coche arranca. Esos chispazos de energía me catapultaron a tomar una bocanada inmensa de aire y soltar toda la mierda. Me llevaron a ver los días con una nueva cara. El dolor del pasado no cicatrizó fácilmente. Pero creo que ninguna herida sentimental cicatriza fácilmente. Me subí a un nuevo barco y éste me llevó lejos. Fue como un renacer. Un período de llantos de dolor y a veces hasta sin sentido. Era llorar por llorar. Habrán sido un par de meses. Amistades viejas pero presentes en lo más profundo me dieron su techo (sea por Dharma o por lo que sea) y apoyaron una mano en mi hombro dándole una vela a la negrura más espesa. Viéndolo de lejos creo que fue el llanto de un recién nacido que llora por no saber dónde está o qué es lo que siente. Será el dolor del aire circulando por primera vez en los pulmones. Serán las venas hinchadas por los borbotones de sangre impulsadas por un corazón nuevo. Será que el alma ajusta los controles del nuevo vehículo. Será que los sentidos queman al usarse por primera vez. Será que no se entiende muy bien lo que pasa. Que no se sabe lo que pasa. Por algo vinimos. Por algo estamos aquí. Y por algo pasamos todo lo que pasamos. Por algo a muchos nos pasa de renacer en algún momento de nuestra vida y revivimos todo lo que antes sentimos por primera vez. Será que el crecer duele como duele el vivir. No me refiero a un dolor feo. Quiero decir; hay dolores dulces, dolores que dan placer. Sé que pasé por todo eso y no me gustó en ese momento, pero al mismo tiempo sabía que estaba cambiando la piel. Sabía que el “vivir solo cuesta vida”, como dijo el Indio Solari. Sabía que todo eso iba a pasar y que estaba pasando por algo bueno. Las decisiones se toman por algo y no me arrepiento de haber desplegado mis alas. Tal vez, la sensación de caer me abatió por un tiempo. Es que hasta los ángeles caen y comienzan a vivir lo que nosotros, los humanos. Creas lo que creas, sabes bien que todos cambiamos. Algunos de una manera, otros de otra. Algunos se hacen agua y se amoldan en un nuevo caudal. Otros ardemos como el Fénix y resucitamos de nuestras propias cenizas. Están los que vuelan con el viento siguiendo la dirección que él disponga. Pero todos, todos somos capaces de salir del capullo y volar luego de ser gusanos de seda o de mierda. Todos tenemos la misma posibilidad de evolucionar para ser mejores seres humanos. Todo lo que me pasó con mis amores y mis amigos, que de alguna manera también son amores, fue para crecer. Nada me fue indiferente. Todo marcó alguna cana en mi sien. Todos forman parte de mis facciones, mis dichos, mis muletillas y mi manera de dirigir la mirada, de mirarte y de mirarme. Todos nos tocamos en alma y espíritu. Porque al final, aunque lo neguemos o reneguemos de ello… todos somos uno. El día que esto se entienda, otro amanecer nos alumbrará desde el infinito. Quiero agradecer a todas las personas que de una u otra manera, positiva, negativa o ambas, dejaron parte de sí mismos en mí, afectándome y haciéndome quien soy. No sería quien soy sin todas las marcas que me dejó esta vida hasta hoy. Y es que sigo siendo tierra arada esperando el germinar de nuevas cosechas. Si, sigo conociendo gente. Sigo vivo… y así es la vida.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El Lado Oscuro

Las horas son eternas en el lado oscuro.
La rutina lo absorbe todo en el lado oscuro.
La mente se empasta y el corazón se gasta en el lado oscuro.
Las ideas se pudren y La Creación se ve frustrada por el lado oscuro.
El arte se ahoga en el lado oscuro,
El lado oscuro del trabajo,
El lado oscuro del amor,
El lado oscuro del día,
El lado oscuro de la luna,
Lo que no vemos porque no queremos,
Lo que no vemos porque no podemos.
El lado oscuro del tiempo ganando las horas muertas de una oficina asesina y aplastante.
El lado oscuro de la rutina repetitiva de semanas eternas.
El lado oscuro del corazón y la cabeza acostumbrados a no brillar.
El lado oscuro de las ideas que se agotan por querer volar sin alas.
El lado oscuro de la propia creación negada por las obligaciones,
Obligaciones antagónicas al ser,
Obligaciones sin sentido ni pasión,
Obligaciones auto impuestas a fuerza de costumbre y comodidad.
El lado oscuro de un alma atormentada por el confort,
Un alma atormentada por la ambición,
Un corazón avaro que marca un camino infructuoso,
Un camino perdido en el vicio del poder,
Una mente enferma por el prejuicio y el control.
El lado oscuro de cada uno.
Mi lado oscuro que muere poco a poco dejándome respirar lentamente.
Algún rayo de sol de esta galaxia me está llegando a reanimar,
Me está nutriendo poco a poco con vida pura,
Mientras respiro el aliento muerto de los ojos vacíos que me piden volver; ahogados en rutina y búsqueda de placer inerte entre hilos de educación y sociedad.
El lado oscuro que lleva las vidas de quien no quiere vivir.
El lado oscuro que de a poco estoy abandonando con ayuda del tiempo claro, quien puja por tejer en mi alma alas que me lleven fuera de mí mismo, de mi viejo modelo, de mi viejo vehículo.
Un lado oscuro en un camino oscuro que ya me cansé de caminar.


Escrito en Agosto de 2005... ayuda a verme a la distancia. Muchos soles pasaron después de tanta oscuridad. Mucho sol ilumina el camino de hoy. Y creo que no lo disfrutaría tanto si no hubiese pasado antes por las tinieblas; hoy, de mi pasado.

lunes, 22 de agosto de 2011

Nostalgia a la Distancia

Las añoranzas de las viejas costumbres se sienten extrañas en la distancia física y temporal entre lo que se vivió y lo que se vive. No hace mucho estaba corriendo colectivos (buses, guaguas, pulman) en Buenos Aires. El tango de sus calles se hace patente desde lo lejos, en mi memoria, aunque poco era el tango que escuchaba allí. Esa es otra costumbre que empecé a tener al salir de ese lugar. Y es que comencé a practicar la nostalgia. Me fui por estar agotado de vivir al límite en una selva tan grotesca como violenta y al mismo tiempo maravillosa. Los Piojos o La Renga en las calles de la capital de Bs As son el Vasco (Rossi), Gianna (Nanninni), Mina o Le Vibrazioni en Milano o Padova, Morrisey, Duffy o Amy (Winehouse) en Londres, Serge Gainsbourg o la Momme (Edith Piaf) en París, Chambao en Málaga, Paco De Lucía con Camarón en Granada… Hay músicas para cada ciudad, para cada país. En las calles de las ciudades siempre hay prisa. Recuerdo aun lo acelerado que caminaba para llegar a destiempo a todos lados. Cada sitio tiene su velocidad y su encanto, aunque quienes viven en el lugar no se interesen. En Bs As no le daba sentido a nada de lo que veía a diario mientras que había tours organizados para los turistas que vacacionaban. Yo me preguntaba: ¿Quién puede querer venir a este infierno? Me di cuenta tarde que vivía en un sitio con una historia increíble, de cientos de años. No supe disfrutarlo. Aunque pocas cosas queden, como la casa de Manuel Belgrano o la de Mariano Moreno. Es distinto en el viejo continente, todo se mantiene muy bien. Hay historia de milenios aun en pie, aunque quede poco. Tengo la suerte de conocer Venecia. Hay mucha gente de ciudades cercanas que en su vida la visitaron y ni siquiera les interesa. Es que como esta tan cerca… Las cosas pierden el interés al estar tan cerca, tan a mano. Uno se da cuenta cuando las pierde. Como las personas, que lejos de ser “cosas”, por lo menos en idioma castellano, son seres que se extrañan en las situaciones más simples, más cotidianas, más intimas. Mi amigo francés es de Normandía, un pueblo al oeste de Francia, pleno de lugares increíbles y paisajes de Medioevo. Esta a dos horas de París y las pocas veces que fue, fue para visitar a sus amigos. “No es una ciudad que me guste”. (Franchute, se te extraña!) A muchos conocí que piensan así. O tal vez sea más acertado decir, que sienten así. Uno siente el lugar de pertenencia. Yo siento que pertenezco un poco a cada lugar donde estoy. El haber estado en Bs As hace que estar en cualquier ciudad de sueño en Europa, quiero decir, con la que haya soñado estar, sean demasiado pequeñas. La noción de las distancias se pierde en estos lares. Por lo menos la noción que yo tenía sobre ellas. Acostumbraba a vacacionar en Bariloche. De Bs As a Bariloche hay mil seiscientos kilómetros. Por ese precio, aquí visto unas quince ciudades. Vaya a donde vaya, no hay más de una hora entre pueblo y pueblo. Allá, al cruzar las pampas, recuerdo horas y horas y más horas de desierto y animales pastando. Hoy son muchos los lugares que extraño. Buenos Aires de verdad que no los tenía muy buenos. Pero lo extraño. Me daría unas semanas de vacaciones. Una de las primeras diferencias que noté respecto al aire, fue que al correr por las playas de Marbella, el pecho se me abría. Al principio no entendía muy bien que era lo que pasaba. Claro, al soplarme la nariz sentí la sal del ambiente y no me salió nada negro como pasaba en la capital al respirar el hollín que lo cubre todo. Fue una sensación increíble. Me cansaba menos. Las cosas son muy diferentes en los distintos lugares. Si bien somos seres humanos y no diferimos en esencia, las idiosincrasias si que cambian… y mucho. Mucho tiene que ver el clima de donde se vive. En una gran ciudad hay violencia y miedo. En ciudades pequeñas hay algunas inseguridades pero uno no esta tan resentido ni paranoico. En Londres la organización es increíble. Nunca vi una avenida tan transitada y tan poco trabada como Oxford Street en hora pico. Estaba en el 1º piso del clásico bus rojo londinense y tenia visual de todo lo que pasaba. Dos minutos de eso en Bs As y hubiese visto unos cuantos accidentes. La gente cruzaba las calles, los coches aguardaban en su línea transversal, los buses cedían el paso y los taxis también. No oí bocinas en ningún momento. Aún me cuesta creerlo. Es como en la escena de “Bee, The Movie”, donde cruzan la calle y se preguntan por qué dicen por ahí que la comunidad de abejas es la mejor organizada. Supongo que además de la situación demográfica también influye el clima. No es lo mismo el español del norte (a excepción del asturiano) que el del sur. Quien vive en el frío es más parco y territorial. Los que están sobre el mediterráneo es mas dado y el inmigrante se integra mucho mejor y más fácilmente. Claro que hablamos de rasgos generales. Siempre hay excepciones… en todos lados. Guardo muy buenos amigos de Valladolid, aunque el grueso de su gente es gente difícil. El italiano, bueno, para un argentino, los italianos y los españoles son casi de su misma sangre. Y pasa lo mismo que en argentina; el personaje de Madrid, Barcelona, Milano o Roma no tiene mucho que ver con alguien de Málaga, Logroño, Pádova, Jesolo o Verona como el Porteño no puede compararse con el Rosarino, el Cordobés o el Mendocino. De verdad que el bicho de ciudad es un toca-huevos profesional. Por lo menos en su mayor parte. En mi caso corre sangre italiana en mis venas. La primera vez que aterricé en Italia, que fue en el aeropuerto Malpensa, de Milano, lloré. Hacía un día de mierda (lloré de felicidad, no por el día). La verdad casi no veía las alas del aéreo. Era como estar dentro de una nube. Eran las 8am y el día no perfilaba bien. Un frío que calaba los huesos. Pero ya, hacia el mediodía, comenzó a despejar. Era como llegar a casa. Era sentir las raíces conectarse en mí. Era Italia. Cerca, hacía ochenta años, había nacido mi abuelo. Y aunque la verdad que era un tipo para olvidar, la sangre tira… y mucho. Me gustaría compartir todo esto con mis amigos. Pero es que están tan lejos… y cuesta tanto. Si ganase algún premio me los traería a todos, que no son muchos, pero si muy importantes y les mostraría cosas que vi. La torre Eiffel, Virgin Records en Paris, el Arco del Triunfo, el Senna, la alhambra, la noche Granadina en el casco antiguo… el Castello Sforzesco, su parque y su feria, Il Duommo, Via Venezia, Naviglio Grande, Jesolo, Venecia (y tooodas sus escaleras)… Oxford Street en navidad, Notting Hill, Camdem Town, Holbourne, el Hide Park, el cruce de Abbey Road, Westminster… las costas de Marbella, las Canarias… que se yo, es que hay tanto para conocer y hacen tanta falta los amigos. Soy un tipo afortunado… pero como dije antes, hacen tanta falta las “cosas” que tuvimos cuando no están…

viernes, 5 de agosto de 2011

Angeles y Demonios

Ángeles y Demonios, tantos libros, tantas series de bien y mal, películas y marchandising sobre algo que habita dentro de todos y cada uno de nosotros. Es el libre albedrío del que disponemos como seres humanos lo que nos hace buenos o malos, Ángeles o demonios a cada momento, en cada decisión. Tantas familias encendidas por las religiones en busca del perdón de sus pecados. Quien sabe que comete un pecado, sabe, mayoritariamente que no actuó bien. ¿Por qué no evitan tener que pedir perdón? Eso se puede hacer una, dos, tres veces. Luego… ¿no es adrede? Tantos iluminados escuchando los sonidos de Dios, transmitiendo sus palabras, tantos obscurecidos transmitiendo las enseñanzas del mal. ¿Cómo puedo creerles? Si al final veo que son personas con el mismo don de discernir como cualquier otra… Al único que le he creído hasta ahora es a Mozart y su música. Gente haciendo el amor, haciendo la guerra, haciendo la guerra por amor a su dios. Guerra Santa - Santa ironía. Tan tergiversada esta la mente del ser humano como para no poder abarcar todo el conocimiento que significa el amor, lo suficiente como para saber que ningún dios podría desear la destrucción de la vida. Sea cual sea la imagen que idolatren; Alá, Mahoma, Iahvé, Jesús, Siddhartha, Buddha o Ganesh, Isis, Orus, Saint Germain, Tomas Moro… tantos nombres, tantas ideas, tantos grupos tiene una misma raza. El separatismo social capitalista y burgués que hoy impera en el mundo “civilizado” (“Esclavizado”) por imágenes paganas de ideales impuestos por grandes mentes elucubradoras de estilos de vida y de pensamiento masivo hacen que las mentes creativas de quienes estamos con ganas de ser alguien, de tener una cara en particular terminemos usando mascaras de carnaval para ser aceptados en lo que al final es un no lugar sin tiempo; pero con una fiesta permanente de adoración a “Nada”. La muerte nos ronda cada vez más inexpresiva, cada día más incrédula de lo que sus cuencos ven. La muerte, luego de tantos siglos de existencia, se plantea la dimisión de su cargo, ya que tantos y tantos hombres viven muertos. Le damos el trabajo hecho. Y los que aun viven son asesinados o mutilados por quienes son incapaces de ver que la vida vale más que cualquier tipo de valor material. Ensayo sobre la ceguera de José Saramago es la imagen que viene a mi cabeza al ver tantos ciegos perdidos en sus móviles, corriendo a la oficina con sus corbatas al viento y sus valores depositados en “la caja más segura”. Es una pantomima de la realidad que se vive y se digiere a diario. Máscaras. La incapacidad del ser humano por sentir, por sentirse y hacerse sentir está cada día, cada hora más latente. Los lazos se arman, se definen y se defienden sobre valores de energías inertes. Si bien cada elemento de esta existencia tiene su vibración, el muerto-humano vive inmerso en la insipidez de una pseudo vida capaz de aplastar la inteligencia emocional mas lúcida. Es verdad que las culturas caen aplastadas por los muros de la super cultura. El desesperado intento de mejorarse como especie nos lleva a tener límites cada vez más inalcanzables. Quiero decir, la razón se puede ver empañada por ideales que no SON. Las ideas que se tienen sobre la manera de respirar, de degustar, de ver, de oír, de sentir… solo cinco sentidos nos quedaron con el correr de los siglos y de a poco los vamos asesinando. Esta carrera desmesurada y desesperada por la evolución consciente nos deja inconscientemente inválidos de sentidos. Respiramos menos de la mitad de lo que nos dan los pulmones. Ni hablar del fumador o de quien vive en ciudad. Explotamos nuestras retinas con horas de esfuerzos de trabajos frente a la pantalla de un ordenador o de una TV… o ambos. Comemos cada día mas comida rápida, grasas que revientan las pupilas gustativas (el corazón y todas sus arterias). Aquí también se ven más afectados los fumadores. Y agreguemos el olfato. El fumador es quien mas pronto pierde “todo su sentido”, hasta el de la misma existencia. El olfato, dejando de sentir los aromas bellos que tiene la naturaleza… el pasto, el olor a tierra mojada cuando llueve. Es que hace tanto que no los siento. Un ejemplo de masacre olfativo: viaje en subte en hora pico. Y no digo más. Quien pierde el sentido de la caricia está tentado a fracasar en esta idea de lo que queda de vida. El contacto de pieles, de calores humanos. El tacto de sentir a tu amor. Ese roce que pone los pelos de punta. Dónde está el sentido de la belleza?!… es una pregunta, es una sentencia. Lo que podemos tener de Ángeles queda en el libre albedrío. Cada uno de nosotros tiene un Dios en quien creer. Cada uno de nosotros tiene una imagen o se tiene a uno mismo para poder creer que puede salir adelante, para saberse y sentirse vivo. Si este Ángel personal no nos deja sentir la belleza y el amor de esta existencia podemos estar a la merced de nuestros demonios. Y quien dice que no cree en nada puede estar directamente perdido. Pero déjenme anoticiarlos: hasta el ser más ínfimo, si se encuentra perdido, puede encontrarse. Solo hace falta voluntad. Todos los seres humanos, sin excepción, tenemos la llama de la vida y la razón. Es una combinación más que muy fuerte, de características enormes. Es una combinación explosiva con la que contamos. Son nuestros poderes. Esos poderes que siempre soñamos con obtener por la caída de un meteorito, por la picadura de una araña especial, por el origen de una mutación genética, esos son nuestros poderes REALES. Tenemos el poder de decidir qué queremos que sea de nosotros. Tenemos el poder de DAR vida y de quitarla. Eso nos hace Ángeles o Demonios. Eso nos hace quienes somos. Es nuestra firma en la existencia. Desde el ser humano más famoso y poderoso político, al individuo al que creen más insignificante tiene estos poderes. Eso nos hace iguales. Eso nos hace humanos. Es decisión tuya y mía saber, en la realidad, fuera de todas estas historias, si somos Ángeles o Demonios… aunque muchos crean que esta existencia es un infierno… también puede ser el cielo. Todo depende del punto de vista. Como ya dijo tanta gente. Es solo una cuestión de actitud. Yo, te invito a volar, aunque no tengas alas. Cada día puede ser un cielo, más o menos tormentoso, pero un cielo al fin. Eso lo sé porque he visto reír niños que estaban más en la mierda que las moscas. Aunque lo pases muy mal, todos podemos salir a flote y respirar. Todos podemos ser mejores personas. Todos podemos SER. Es ponerse una meta, querer hacerlo. Hasta el Judas mas patético y villano puede dar vuelta su tuerca y tirar hacia un lado mejor. Todo Demonio puede ser un Ángel. No olvidemos que los Demonios son solo Ángeles que cayeron, que perdieron su rumbo, Ángeles caídos.

¿O tal vez lo encontraron?

domingo, 24 de julio de 2011

En el Pozo

Es cuando uno está en el pozo, que sin quererlo, casi inconscientemente pero con una fuerza de locura, tiende a querer cargarse a todo quien le rodea. La sensación de frustración y fracaso toma la forma y el poder de un hilo invisible que se ajusta cuidadosamente a los cuellos de quienes están a nuestro lado y uno mismo es el verdugo ejecutor de sus miedos, traumas e inseguridades, tirando de esa invisible cuerda y ahorcando, sin quererlo, a quienes realmente ama, esos que son los únicos que pueden sacarnos a flote de esas situaciones, ya sea acercando una rama o mismo utilizando esa cuerda invisible, evitando el torniquete, claro está, para sacarnos fuera. Con una palabra, una mirada, un abrazo. El problema reside en la maldita suerte, o podríamos llamarla también efecto. Claro, hay una causa sujeta siempre a todos los efectos, buenos y malos. Algo hizo que terminemos en el pozo y eso es lo que debemos vislumbrar para poder cortar con el karma y transformarlo. ¿En qué? Pues eso depende de lo que se quiera. Algunos dicen que se transforma en Dharma. Una especie de reciprocidad y dadivosidad absoluta con el universo. Aquí, ajustándonos a lo simple y entendible, podemos decir que lo transformamos en buena energía, en escalones que nos ayuden a salir de ese lugar oscuro, siniestro, húmedo y sinuoso en el que nos encontramos. Si no hubiese dicho siniestro (aunque para Stewie Griffin lo sea), podría estar hablando del recuerdo del vientre materno. Pero no me refiero a eso. Ya se me ocurrirá donde encajar esa comparación en otro escrito. De lo que hablo es de la depresión de no hacer nada. O mejor, de creer que no se hace nada cuando en realidad si se está haciendo. (Otra vez me viene esa odiosa comparación… tal vez sea que no la pase muy bien ahí dentro). Al sentirme totalmente obsoleto para este mundo, el amor que siente mi mujer por mi y el que siento por ella, siempre desde lo intangible, me alzó como el viento levanta a los planeadores. En círculos y hacia arriba. No podía ir derecho, eso hace que uno se descomprima rápidamente y las fuerzas de presión conviertan nuestra cabeza en una olla en ebullición. No, el cambio debe ser paulatino, suave. No se puede pasar de la nada a todo en un abrir y cerrar de ojos. Todo en la vida lleva un proceso. Un proceso nos llevo a estar ahí abajo, debe ser un proceso el que nos levante y que nos quede claro: es DE-A-POCO. Muchas veces la sociedad de consumo en la que vivimos nos insta a hacer las cosas en un abrir y cerrar de ojos, es una carrera hacia el trabajo, una carrera hacia la escuela, una carrera hacia la iluminación, hacia lo espiritual, hacia la salud…. Pero no amigos… no hay nada menos saludable que la desesperación por lograr hacer una cosa que lleva tiempo en una hamburguesa. Quiero decir, transformar un estofado hecho por la abuela en una hamburguesa de comida rápida. Eso cae mal. Si no digerimos el día a día y tomamos conciencia de lo que hacemos, es muy factible que nos frustremos más aun y perdamos el rumbo. Es como un resfrío mal curado. Hay que hacer el tratamiento adecuado para nuestra alma, nuestro cuerpo y nuestro espíritu. De no ser así, seguiremos hundiéndonos y llevaremos con nosotros a todos nuestros posibles salvadores. El resultado… seguramente no será bueno. De nada sirve correr y olvidar. De nada sirve lo fácil, lo rápido, lo ya hecho. La digestión nos corresponde a cada uno. El sufrir nos corresponde a cada uno, y seguramente tendremos mucho que sufrir si en nuestro sufrimiento tocamos los corazones de otros y los afectamos para mal. Es un trabajo de cuidado. El mejorar, el salir del pozo es un trabajo de cuidado. La sangre fluye casi viscosa por nuestras arterias, pastosa como la de un fumador. Es sangre negra que se pega más y más a nuestras venas. El estar en el pozo nos quita la sensibilidad. Nos hace animales. Perdemos la sensibilidad de los sentidos. La luz molesta. El aire molesta. Casi no respiramos. El tacto molesta, el tacto duele. Las caricias queman. El amor apesta. Todo se nos hace intolerable cuando estamos tan abajo. Nada importa. La vida pasa de largo y no nos importa. La vida de los nuestros pasa de largo y no nos importa. Pero en el fondo, nuestro corazón, con la fuerza descomunal que lo caracteriza, sigue bombeando. Sigue golpeando unas sesenta veces por minuto (si, ahí abajo la sangre fluye más lento), y nos golpea diciendo que estamos vivos. Y es ahí que entendemos que lo que nos quiere tirar abajo es la razón. LA RAZÓN. Es esa maldita asesina de buenos sentimientos, la que nos entierra más y mas diciéndonos que no somos nada, que nada valemos ya, que estamos muertos. Es ella quien nos quiere convencer de que a quienes nos aman más les valemos muertos que con esa miserable vida. Muchas culturas nos dicen que el corazón vale más que la razón. Muchas culturas tratan de lograr una armonía entre las dos corrientes de vida que disfrutamos. La Mente y el Espíritu. Entiendo a la mente como Manantial de pensamientos y al espíritu como Alumbrador de sentimientos, de latidos, de “sentido”. Si ambos están en armonía nada puede detenernos, somos seres completos. Si uno de los dos está abajo, bueno, el fluir se complica bastante. Todos pasamos por momentos malos en esta vida y más de uno se habrá sentido ilustrado en los sentimientos antes escritos. Lo importante es escuchar a nuestro corazón, el es la voz del espíritu y el espíritu, aunque habla bajito, más bajito que la mente, habla. Y dice la verdad. No miente. Nunca miente. Y si nos dice que somos capaces de SER es porque es verdad. Todos podemos acelerar los latidos, licuar la sangre lo suficiente como para poder irrigar vida a los sentidos y que la luz no nos afecte mas, que el aroma de la vida vuelva a alimentar nuestros recuerdos y que la humedad de haber estado en la mierda sea un efecto del pasado. Que se transforme en un daño colateral de haber vivido, de haber sentido, de haber curado nuestras heridas del combate que hayamos peleado y nos encontremos nuevamente de pie, más fuertes más sabios y más tranquilos que antes para enfrentar otra vez los días que nos depara la vida. Quienes o lo que nos haya tirado ya no nos afectara. Las heridas duelen, incluso las cicatrices nos hacen lucir más temerarios. Pero todo pasa. La vida es una sucesión lineal de momentos vividos. Fabricamos un presente  cada momento. En nosotros esta el hacer un buen presente o vivir en el pasado. Es cuando uno está en el pozo que aprende a sobrevivir y hacer de la razón algo positivo. ¿Dónde ponemos todo lo malo que pensamos de nosotros alguna vez? Pues en la libreta negra de lo que no debemos olvidar para sentirnos orgullosos de lo que somos. Si pasamos por eso, nada ni nadie nos podrá detener. El próximo pozo no será tan profundo. Dijo Silvio, “Comenzamos felices a juntar cicatrices, como buenas señales de los años”. De grandes, en algún momento agradeceremos haber pasado por eso. Y agradeceremos cada día el no haber muerto, el haber amado, el habernos amado lo suficiente como para poder salir.

jueves, 21 de julio de 2011

Una Obra de Arte

Una Obra de Arte

Doy forma en un mármol, poco a poco los pedazos caen y mi sueño va viendo la luz. De a poco un ala se va descubriendo. Un pelo abundante y largo le cubre el cuello, la mejilla izquierda y uno de los ojos de una mujer alada. Sigo tallando y una clave comienza a nacer. Es una clave de Sol. La misma que ilumina mi universo. Millones hay en el universo, aunque ésta es para mí. Los senos descubiertos de la música son la musa de tantas letras y tanta felicidad. La espalda alada da la nota del misticismo que guarda una conexión eterna entre el humano y dios. Sus piernas están cubiertas por algún tipo de sábana o trapo deshilachado, raído, desprolijo, como la esencia del artista que la talla poco a poco. Va encontrando la luz mi sueño tan irónicamente soñado. Sueño un ángel musical. El mármol es duro y el cincel se desafila. Me despreocupo y comienzo a rasgar con mis uñas hasta poder darle forma. Mis dedos sangran extasiados sobre la escultura. El rojo tiñe la cara del ángel musical. Al secarse formo parte de ella y la piedra porosa se embebe de mí. Es una comunión momentánea y eterna. Es un juramento eterno. Es un compromiso inquebrantable. Mis dedos duelen hasta la muerte. Mis lágrimas felices ruedan por mis mejillas y comienzan a gotear en las suyas. Somos uno. De repente, del ojo visible brota una lágrima. Sus labios dejan asomar una sonrisa por su comisura. Un pestañeo, otro más. Me mira. Sus ojos son del cielo. Me dice que no tema. La sangre le dio el color de la piel. Me abraza. Me besa. Su beso tiene gusto a miel. Sus alas me cubren y acarician mis mejillas. Se levanta descalza entre las piedras de lo que fue alguna vez. Cada pisada muele su propio ayer. Cada momento presente sepulta un segundo pasado. Con su movimiento de alas nutre mis pulmones de vida y con su saliva llena mi corazón de gozo e inspiración. La miel endulza mi vida. La miel es su amor hacia mí. Estoy paralizado por la sensación de felicidad. Sus ojos me miran. Sus pelos se agitan al viento del cielo en el que estamos. Un instante y sus dos ojos se clavan en los míos. Veo un completo universo en cada uno de ellos. Todos los soles, todas las lunas. Todos los sentimientos que tuve, que tendré, que tuvieron y tendrán todos los seres de la galaxia, todos los seres vivos en amor-nía que bañan con estelas espumosas cada rincón de cada cuerpo con miel infinita y nos guían hacia la felicidad, la plenitud, el bien-estar. Ese ángel fue mío. Aunque nunca lo fue. Yo fui de él, aunque nunca lo fui. Juntos hicimos el amor en un sueño. Se hizo luz. Se hizo vida. Y me alentó a escribirle. Y será así por siempre, a cada momento. Entonces vuelvo a abrir mis ojos.