viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Qué nos pasa?

¿Qué pasa contigo? ¿Qué pasa con él? ¿Dónde está la gente que me comprende? Es que las cosas que veo, que me cuentan y que siento, pocas veces tienen sentido. Las vidas tienen su curso para todo y para todos. Hay billones de vidas con caminos que no se tocan. Hay vidas que nunca se cruzan. Pero la mayoría que si se cruzan, que mantienen relación, para mal o para bien se parecen en cada punto del globo. Hay vidas que sufren la ignorancia de su propio ser y vidas que hacen sufrir a otras las propias ignorancias, miedos y sufrimientos. Hay vidas ajenas que sufren la ignorancia del mundo y hay vidas que reciben reconocimientos deleznables. Quiero decir, reconocimientos por nada. Estoy a por todas las vidas. Cada una tiene su derecho. Hasta el imbécil que es reconocido y premiado por imbécil. Pero es tan viejo como real el dicho que dice: tus derechos terminan donde empiezan los míos. Es una manera muy lógica y humana de mantener alejados a esos quienes andan por el mundo sabiendo muy en su fuero interno que no son lo que quisieron ser, esos que se sienten nadie frente a todos. Pero no todos entienden el sentido de este dicho. ¿Entonces que hacen? Claro que no tienen el valor de aceptar el fracaso y la frustración de no ser quienes soñaron, entonces se la toman con los débiles, los desesperados, los desamparados, los marginados. Es casi una maniobra política. Hay muchos ejemplos que podemos tocar, muchos más de los que muy a mi pesar me gustaría hablar, pero lamentablemente existen… tantos...  Uno que quiero mencionar es, creo, el más bajo que pueda haberme imaginado jamás presenciar. No sé bien por qué, pero hay gente sin luz, sin estrella, sin suerte que llevaron su vida a uno de los lugares más bajos y quedaron sin techo. Se la puede llamar de mil maneras, pero la más conocida es vagabundo, callejero, croto, errabundo, gandul… el tipo que por circunstancias de la vida terminó viviendo en la calle. Son su hogar un banco de plaza, un pedazo de tierra abandonado por el estado o por algún dueño que dejó de merodear su baldío. Puede ser una fábrica abandonada, la zona debajo del puente por donde no tardamos más de segundos en pasar. Ese segundo es el único lugar que muchos desgraciados tienen como base para sus días, se lo hayan buscado o no. Ese no es el tema de hoy. Hay tantas razones como personas de la calle para haber llegado hasta ahí. Algunas que se me ocurren: ignorancia, falta de voluntad, debilidad, tara, impotencia, comodidad, abandono, dejadez… no, mala suerte no; no creo en ella. Al parecer, a un fracasado de la vida, que aun tiene su departamento y su salario pero que no está contento consigo mismo se le cruzaron las dos únicas neuronas que le quedan y se pelearon en su cerebro, entonces se la agarró con el vegete del banco de la plaza y desde su balcón gritaba: “¡Viejo sucio! ¡Vete a otra calle Gandul! ¡Te pones aquí para dar pena! ¡Por qué no te vas a donde nadie te vea y pides limosna!” Acto seguido, le tiró un jarrazo de agua. La gente, bueno, la gran mayoría no decía nada. Y me quedo con esto, lo que pasó después es anecdótico. Pero con esta idea, ¿Quién le da el derecho a violar la poca integridad que le queda a quien tiene que vivir de esa manera? Algunos dirán, claro, puede irse a un refugio. Bueno, no siempre la gente tiene la cabeza lo suficientemente clara ni sana como para poder decidir… no creo que nadie se vea en esa situación por gusto. Y llevando esto mismo a otros ambientes: ¿Quién le da el derecho al jefe que insulta a sus empleados? ¿Quién le da derecho a infravalorarlos? ¿Y a tratarlos como mierda? ¿A hacerlos sentir menos? No olvidemos que hablamos de gente que se cree mas y ataca a gente débil, los quiere hacer sentir menos. ¿Quién le da el derecho al supervisor a presionar sin motivo ni razón a sus empleados al punto de causarles tal mal de hacerlos llorar? ¿Es que solo sabe volcar sus frustraciones personales de esa manera? ¿Es que es incapaz de recordar sus inicios? ¿Quién le da el derecho a un ser común a atacar porque sí a otro? ¿Es que el cargo les pesa? ¿Es que acaso tienen miedo de no saber qué hacer, de parecer ridículos, de que se den cuenta de que lo son, de que no son lo que creen ser? ¿Tan vacíos están estos seres como para querer vaciar, incomodar, lastimar y muchas veces traumar a quienes tienen a su rededor? ¿Cuán desconforme puede llegar a estar un ser humano consigo mismo como para hundir a otro por falta de auto tolerancia? ¿Peor aún,  si estos son sus subordinados? Es hora de decir “Basta”… siempre con educación y respeto, ese que no nos tienen a nosotros. Es que él/ella no es un buen ejemplo, y deben saber que todos aprendemos con los ejemplos. Todo en la vida de uno se forma a través de los ejemplos. Más allá de los cargos hay una realidad basada en el respeto a/de y por todos los seres humanos. Sé que estoy hablando de ideales. Claro que sí. “Dirán que soy un soñador”, dijo un loco en los 70’s. Un loco que terminó asesinado por otro loco, por uno peligroso. ¿Es esto irse a los extremos? Claro. Claro que es tocar el extremo de lo que tocan todos estos seres cansados de ser ellos mismos y por lo cual evaden el dolor presionando y atacando a esos que “parecen” y solo “parecen” indefensos. “Imagine” sigue vendiendo millones de copias. Y los débiles que en algún momento lloraron por la presión de un jefe idiota, se levantaron y se hicieron más fuertes. Porque es característico de los seres humanos hacerse más fuertes con el dolor. Señores/as que se creen algo superior, sépanlo: NO lo son. Son iguales a mí, a ellos, a ellas. En sus venas corre casi seguramente el mismo tipo sanguíneo que usted y, en caso de vida o muerte, esa persona a la que esta enterrando en mierda puede ser su donante, su única salvación. Bajo esas pieles caras y vaqueros de marca esta su propio culo y bajo él, los mismos tipos de músculos y huesos que viste su empleada bajo el uniforme horrendo que le dio luego de mandar a comprar por dos euros y medio. Si, es que somos humanos. Algunos dicen la peor raza, otros dicen la peor plaga, hasta oí decir que actuamos como virus: ocupamos, atacamos, arrasamos, vamos a destruir a otra parte. También se lo dice Morfeo a Neo. Pero todo pasa factura señores. Todo se paga en esta vida. Tal vez sea momento de beberse un vaso de agua y ver que en el fondo no hay nada más que vidrio. Las cosas son más normales de lo que parecen… Contenga lo que contenga el vaso y quede en él la cantidad de líquido que considere que queda.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cenizas y Sangre

Cenizas de cigarro, el humo en la ropa, olores fuertes.  Canciones tristes y rock and roll, voces lejanas y malestares, mareos. Poco entender de las cosas, las palabras y las personas… o cosas. El olor a alcohol en el aliento. Las ganas de descomer y luego el poderoso hambre que nos aliena. Sensaciones de momentos olvidados, flashes y pisos olorosos. Olvidos constantes y la imposibilidad de dormir. ¿Cuantos días? No lo sé. Pasaron las horas y mi mente se iba desdibujando en el horizonte. Las voces cada vez más lejanas querían hablarme, o lo hacían, pero yo no recibía su significado. El sol entraba por la ventana pero en mi mente era de noche. Estaba en otro país. Sufría jet-lag pero no había volado. ¿O sí? Estaba ahí, pero no estaba. Tal vez mi cuerpo y mi espíritu aun estaban desconectados. Y tal vez sea esta la respuesta que tanto buscaba. Deberían estar juntos, no separarse. Tal vez era la sensación de pérdida de control lo que me alienaba. Esa falta de poder controlar los movimientos trémulos que se apoderaban de mis carencias, de mi cuerpo, de mi mente, de mi espíritu, de mi ser. Esa sensación de no sentirme completo porque alguien en mi familia no estaba, alguien faltaba. Pero luego de los temblores que se habían hecho habituales, lo habitual pasó a ser lo inhabitual. O al revés. No lo sé. La cuestión final era la falta de sentidos, es que no sentía. O sentía demasiado. Siempre dependía del momento. Los vapores tóxicos de esas bocas que me abrasaban, esos halitos penetrantes que se acercaron a mí y me conquistaron, las bocas de fuego que me quemaron en mi propio infierno personal, individual, solitario, completamente solo, rodeado de caras, de gentes, de rostros desdibujados de realidad, de cuadros comestibles, cuadros con vida propia, gentes del todo pero solitaria, solitario, solitarios. Principios de fines que aun no habían comenzado y que se fundían en el estiércol de la eternidad. Calamidades horrorosamente bellas de momentos que nunca morirían. Todo pasado, todo pisado. El pasado no es más presente. Y los presentes hoy tienen otros tintes, son regalos increíbles cargados de aromas fluorescentes desde la insoportable levedad del ser. Lo maravilloso en lo más simple. La perfección en la simpleza de dos o tres acordes. Nada se pierde, todo se transforma. Voy citando canciones que me quedaron marcadas desde la originalidad lo inabarcable de la belleza. Sentidos de Dios eran necesarios para poder entender lo incomprensible. Vómitos palabrales de un instante donde todo sale. Donde la mente se despeja entre acordes y distorsiones, desde el lugar del piacere di dire quello que voglio. Senza limitazione. Las palabras que salen porque si, sin dar explicaciones. La pura libertad sentida en un instante de arte y revolución. Una revolución interna que todo ser vivo siente en algún áttimo della loro vitta. Ese instante en que se grita “basta” sin decir una sola palabra. Perdido en un girar y girar de sentimientos. Esos instantes eternos donde quedamos marcados de por vida. Un aroma. Un color. Un calor. El contacto. Esa piel. Ese día. Esa lluvia. Aquella noche eterna. Y las cosas siguen pasando mientras morimos. Mientras vivimos. Y cuanto más morimos más nos apetece vivir. Más nos apetece sentir. Mas incontrolable se hace la búsqueda interna hacia la felicidad. O hacia lo que cada uno de nosotros creemos que es la felicidad. Esa necesidad casi absoluta de sentir el amor. Y de profundizar en eso. Pobre de aquel que tenga adormecidas las glándulas del sentir. Pobre de aquel que se niegue al amor. Pobre del que solo junte cenizas y aromas penetrantes a lo largo de sus días. Porque al final se va a dar cuenta de que todo lo que necesitaba lo tenía ante sus ojos. Pero lo dejó zarpar. Sólo había humo en la visión. No había fuego en su mirar. Pero se encendían ambos en la locura de la vida, del instante, del creer que todo comenzaba al acabar. Esa idea de la eternidad sepultada bajo la creencia de lo que podrá pasar. Cierro los ojos. Vuelvo a mi vida cotidiana. Vuelven los bajos a mis oídos, retumbantes como latidos de un corazón que aún no se detiene. Vuelvo a ser. ¿Ser?

martes, 18 de octubre de 2011

Yin Yang

Fui feliz el momento en que nací aunque no recordase muy bien qué pasó luego.
Fui feliz al sostenerme parado y trastabillar mil veces aunque me doliese cada una de ellas.
Fui feliz ante la sonrisa de mi madre aunque llorase muchos años después.
Fui feliz al ver a mi hermano en sus brazos, recién nacido, aunque nos costase muchos años crecer y amarnos.
Fui feliz al encontrar los ojos compinches en mi amiguita de jardín de infantes, aunque luego la olvidase en mi niñez.
Fui feliz cuando Jessica, Florencia y Mariana me invitaron a sus cumpleaños aunque fuesen los únicos que recordaría.
Fui feliz cuando viajé para seguir mi destino aunque me llevase al dolor y la pena de la soledad y la marginalidad.
Fui feliz al encontrarme conmigo fuera de las tinieblas del olvido aunque casi muriese más de una vez en el intento de perderme.
Fui feliz con el primer beso de mi primera novia aunque luego de un tiempo no nos viésemos nunca más y hubiésemos roto todas nuestras fotos.
Fui feliz al encontrar en mi primer mujer a quien me seguia donde fuera que fuese, aunque la hubiese entregado a su soledad y dolor más de una vez al no comprender mi propio dolor y mi propia soledad de saberme abandonado.
Fui feliz cuando conocí la magia de un momento aunque aprendiese también que ese momento jamás volvería a repetirse.
Fui feliz en Bariloche la primera la segunda y la tercera vez que fui aunque nunca tuviese el mismo atardecer.
Fui feliz al subir al escenario totalmente limpio aunque luego muchas veces más me ensuciase hasta caer.
Fui feliz al sentir los aplausos dentro de mí aunque los olvidase con el tiempo.
Fui feliz cuando conocí la vida aunque casi me costase la muerte.
Fui feliz al ver que el sol se apagaba en la montaña aunque la noche fuese fría y oscura y estuviese, solo, disfrutando el baño perlado de la nostálgica luna primaveral.
Fui feliz al sentir la música en mi corazón aunque mis heridas doliesen hasta explotar en llantos trémulos. 
Fui feliz al estallar de placer cuando al fin nos re-encontramos con ella, aunque hayamos vivido muchos intentos fallidos y los volviésemos a vivir hasta terminar irreconciliables.
Soy feliz al encontrar en cada momento de mi vida un instante de felicidad aunque en un par de segundos todo se vuelva a apagar y me funda en la adormecida masa de constante mediocridad que envuelve a la rutina y a la gente haciendo de ellas un solo pensamiento.
Soy feliz al encontrar en mi corazón un lugar cálido para estar aunque las cicatrices hayan endurecido su piel y aún no esté lo suficientemente permeable para irradiar ese calor.
Soy feliz al saber que puedo regalar estos momentos de mi vida a gente que amo y me ama, aunque quizá nunca contesten o me comenten algo de sí mismos.
Soy feliz al saber que ésa gente que amo no espera esto para decirme que me ama y no tengo que dar demasiadas explicaciones cuando les digo que siento por ellas amor.
Soy feliz aunque sepa que la felicidad que me embarga sea una nube pasajera y no sepa muy bien cuándo sea la próxima vez que emborrache mis sentimientos de amor y dolor suficientes como para escribir éste Yin Yang de alma, corazón y ser en plenitud.


Pasaron seis años desde que escribí este Yin Yang, pero a pesar de cambiar la manera de ser, de sentir y de ver, la esencia de la felicidad sigue funcionando por momentos. La Felicidad es más que solo un momento. Son todos esos buenos sentimientos hilados por el amor. ¿Y si creemos en el Amor? Yo elijo el amor.

lunes, 17 de octubre de 2011

Amistades y Desiluciones

Entre acordes de Caballeros de la Quema y Divididos conocí al que durante muchos años fue mi mejor amigo. Trece años de amistad. Pasamos muchas cosas. Nos presento el que hasta ese momento era el mejor amigo de él y un muy buen amigo mío… pero hasta él desapareció. El increíble lazo que une esas despedidas (tristes por cierto) fue mi casamiento. Resulta que quiso entender que el casamiento me llevaba para siempre, que no iba a ser más el mismo. Bueno, en cierta forma cambie. Engordé y el pelo fue cada vez más corto. Creo que pasa en el noventa por ciento de los casos. Como dice Andrés con Bersuit, quien “antes era fibra ahora se convierte en grasa”. Decía que el lazo que une mis despedidas fue mi casamiento. O más bien, mi relación con esa chica. Al unirme a ella se fue “uno”, al separarme, luego de siete años de relación, se fue “dos”. La vida pone a uno a prueba muchas veces… y con esto pone a prueba a todos los satélites que acompañan a uno en este viaje. Y fue que en el preciso momento en que más lo necesitaba se puso a cuestionar que había hecho o dejado de hacer con mi ex. Se “ofendió” por creer que no le había contado todo. Yo flipe (flasheé) dándome cuenta que se estaba yendo por el resumidero una relación de trece años por una o dos conjeturas sin sentido ante tamaña situación. Fue una de las etapas más dolorosas de mi vida. Psicológicamente estaba hecho mierda. Era la prueba más fuerte que atravesaba. Eran los sentimientos más encontrados por los que pasé. El amor de mi vida había caducado a los siete años. No sabía cómo manejarme. No sabía que decir o que callar. No tenía con quien hablar. Y este gilipollas se borraba del mapa cuando más lo necesitaba. Pero la vida es así. No tiene vuelta atrás. Cuando se corta el hilo de plata que nos une a unos con otros, por mas remendado que este después, ya está cortado y no es mas lo mismo. Me sentí muy solo en el fondo del pozo. Pero como te digo una Co te digo la O… se dice que Dios aprieta pero no ahorca. Y fue así. Gente con la que no contaba estuvieron presentes de una manera absoluta y desinteresada. Gente que conocía poco y nada abrió su corazón y lo compartió con el mío. Fue como cuando un motor se queda sin batería pero se conecta con otro y el coche arranca. Esos chispazos de energía me catapultaron a tomar una bocanada inmensa de aire y soltar toda la mierda. Me llevaron a ver los días con una nueva cara. El dolor del pasado no cicatrizó fácilmente. Pero creo que ninguna herida sentimental cicatriza fácilmente. Me subí a un nuevo barco y éste me llevó lejos. Fue como un renacer. Un período de llantos de dolor y a veces hasta sin sentido. Era llorar por llorar. Habrán sido un par de meses. Amistades viejas pero presentes en lo más profundo me dieron su techo (sea por Dharma o por lo que sea) y apoyaron una mano en mi hombro dándole una vela a la negrura más espesa. Viéndolo de lejos creo que fue el llanto de un recién nacido que llora por no saber dónde está o qué es lo que siente. Será el dolor del aire circulando por primera vez en los pulmones. Serán las venas hinchadas por los borbotones de sangre impulsadas por un corazón nuevo. Será que el alma ajusta los controles del nuevo vehículo. Será que los sentidos queman al usarse por primera vez. Será que no se entiende muy bien lo que pasa. Que no se sabe lo que pasa. Por algo vinimos. Por algo estamos aquí. Y por algo pasamos todo lo que pasamos. Por algo a muchos nos pasa de renacer en algún momento de nuestra vida y revivimos todo lo que antes sentimos por primera vez. Será que el crecer duele como duele el vivir. No me refiero a un dolor feo. Quiero decir; hay dolores dulces, dolores que dan placer. Sé que pasé por todo eso y no me gustó en ese momento, pero al mismo tiempo sabía que estaba cambiando la piel. Sabía que el “vivir solo cuesta vida”, como dijo el Indio Solari. Sabía que todo eso iba a pasar y que estaba pasando por algo bueno. Las decisiones se toman por algo y no me arrepiento de haber desplegado mis alas. Tal vez, la sensación de caer me abatió por un tiempo. Es que hasta los ángeles caen y comienzan a vivir lo que nosotros, los humanos. Creas lo que creas, sabes bien que todos cambiamos. Algunos de una manera, otros de otra. Algunos se hacen agua y se amoldan en un nuevo caudal. Otros ardemos como el Fénix y resucitamos de nuestras propias cenizas. Están los que vuelan con el viento siguiendo la dirección que él disponga. Pero todos, todos somos capaces de salir del capullo y volar luego de ser gusanos de seda o de mierda. Todos tenemos la misma posibilidad de evolucionar para ser mejores seres humanos. Todo lo que me pasó con mis amores y mis amigos, que de alguna manera también son amores, fue para crecer. Nada me fue indiferente. Todo marcó alguna cana en mi sien. Todos forman parte de mis facciones, mis dichos, mis muletillas y mi manera de dirigir la mirada, de mirarte y de mirarme. Todos nos tocamos en alma y espíritu. Porque al final, aunque lo neguemos o reneguemos de ello… todos somos uno. El día que esto se entienda, otro amanecer nos alumbrará desde el infinito. Quiero agradecer a todas las personas que de una u otra manera, positiva, negativa o ambas, dejaron parte de sí mismos en mí, afectándome y haciéndome quien soy. No sería quien soy sin todas las marcas que me dejó esta vida hasta hoy. Y es que sigo siendo tierra arada esperando el germinar de nuevas cosechas. Si, sigo conociendo gente. Sigo vivo… y así es la vida.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El Lado Oscuro

Las horas son eternas en el lado oscuro.
La rutina lo absorbe todo en el lado oscuro.
La mente se empasta y el corazón se gasta en el lado oscuro.
Las ideas se pudren y La Creación se ve frustrada por el lado oscuro.
El arte se ahoga en el lado oscuro,
El lado oscuro del trabajo,
El lado oscuro del amor,
El lado oscuro del día,
El lado oscuro de la luna,
Lo que no vemos porque no queremos,
Lo que no vemos porque no podemos.
El lado oscuro del tiempo ganando las horas muertas de una oficina asesina y aplastante.
El lado oscuro de la rutina repetitiva de semanas eternas.
El lado oscuro del corazón y la cabeza acostumbrados a no brillar.
El lado oscuro de las ideas que se agotan por querer volar sin alas.
El lado oscuro de la propia creación negada por las obligaciones,
Obligaciones antagónicas al ser,
Obligaciones sin sentido ni pasión,
Obligaciones auto impuestas a fuerza de costumbre y comodidad.
El lado oscuro de un alma atormentada por el confort,
Un alma atormentada por la ambición,
Un corazón avaro que marca un camino infructuoso,
Un camino perdido en el vicio del poder,
Una mente enferma por el prejuicio y el control.
El lado oscuro de cada uno.
Mi lado oscuro que muere poco a poco dejándome respirar lentamente.
Algún rayo de sol de esta galaxia me está llegando a reanimar,
Me está nutriendo poco a poco con vida pura,
Mientras respiro el aliento muerto de los ojos vacíos que me piden volver; ahogados en rutina y búsqueda de placer inerte entre hilos de educación y sociedad.
El lado oscuro que lleva las vidas de quien no quiere vivir.
El lado oscuro que de a poco estoy abandonando con ayuda del tiempo claro, quien puja por tejer en mi alma alas que me lleven fuera de mí mismo, de mi viejo modelo, de mi viejo vehículo.
Un lado oscuro en un camino oscuro que ya me cansé de caminar.


Escrito en Agosto de 2005... ayuda a verme a la distancia. Muchos soles pasaron después de tanta oscuridad. Mucho sol ilumina el camino de hoy. Y creo que no lo disfrutaría tanto si no hubiese pasado antes por las tinieblas; hoy, de mi pasado.

lunes, 22 de agosto de 2011

Nostalgia a la Distancia

Las añoranzas de las viejas costumbres se sienten extrañas en la distancia física y temporal entre lo que se vivió y lo que se vive. No hace mucho estaba corriendo colectivos (buses, guaguas, pulman) en Buenos Aires. El tango de sus calles se hace patente desde lo lejos, en mi memoria, aunque poco era el tango que escuchaba allí. Esa es otra costumbre que empecé a tener al salir de ese lugar. Y es que comencé a practicar la nostalgia. Me fui por estar agotado de vivir al límite en una selva tan grotesca como violenta y al mismo tiempo maravillosa. Los Piojos o La Renga en las calles de la capital de Bs As son el Vasco (Rossi), Gianna (Nanninni), Mina o Le Vibrazioni en Milano o Padova, Morrisey, Duffy o Amy (Winehouse) en Londres, Serge Gainsbourg o la Momme (Edith Piaf) en París, Chambao en Málaga, Paco De Lucía con Camarón en Granada… Hay músicas para cada ciudad, para cada país. En las calles de las ciudades siempre hay prisa. Recuerdo aun lo acelerado que caminaba para llegar a destiempo a todos lados. Cada sitio tiene su velocidad y su encanto, aunque quienes viven en el lugar no se interesen. En Bs As no le daba sentido a nada de lo que veía a diario mientras que había tours organizados para los turistas que vacacionaban. Yo me preguntaba: ¿Quién puede querer venir a este infierno? Me di cuenta tarde que vivía en un sitio con una historia increíble, de cientos de años. No supe disfrutarlo. Aunque pocas cosas queden, como la casa de Manuel Belgrano o la de Mariano Moreno. Es distinto en el viejo continente, todo se mantiene muy bien. Hay historia de milenios aun en pie, aunque quede poco. Tengo la suerte de conocer Venecia. Hay mucha gente de ciudades cercanas que en su vida la visitaron y ni siquiera les interesa. Es que como esta tan cerca… Las cosas pierden el interés al estar tan cerca, tan a mano. Uno se da cuenta cuando las pierde. Como las personas, que lejos de ser “cosas”, por lo menos en idioma castellano, son seres que se extrañan en las situaciones más simples, más cotidianas, más intimas. Mi amigo francés es de Normandía, un pueblo al oeste de Francia, pleno de lugares increíbles y paisajes de Medioevo. Esta a dos horas de París y las pocas veces que fue, fue para visitar a sus amigos. “No es una ciudad que me guste”. (Franchute, se te extraña!) A muchos conocí que piensan así. O tal vez sea más acertado decir, que sienten así. Uno siente el lugar de pertenencia. Yo siento que pertenezco un poco a cada lugar donde estoy. El haber estado en Bs As hace que estar en cualquier ciudad de sueño en Europa, quiero decir, con la que haya soñado estar, sean demasiado pequeñas. La noción de las distancias se pierde en estos lares. Por lo menos la noción que yo tenía sobre ellas. Acostumbraba a vacacionar en Bariloche. De Bs As a Bariloche hay mil seiscientos kilómetros. Por ese precio, aquí visto unas quince ciudades. Vaya a donde vaya, no hay más de una hora entre pueblo y pueblo. Allá, al cruzar las pampas, recuerdo horas y horas y más horas de desierto y animales pastando. Hoy son muchos los lugares que extraño. Buenos Aires de verdad que no los tenía muy buenos. Pero lo extraño. Me daría unas semanas de vacaciones. Una de las primeras diferencias que noté respecto al aire, fue que al correr por las playas de Marbella, el pecho se me abría. Al principio no entendía muy bien que era lo que pasaba. Claro, al soplarme la nariz sentí la sal del ambiente y no me salió nada negro como pasaba en la capital al respirar el hollín que lo cubre todo. Fue una sensación increíble. Me cansaba menos. Las cosas son muy diferentes en los distintos lugares. Si bien somos seres humanos y no diferimos en esencia, las idiosincrasias si que cambian… y mucho. Mucho tiene que ver el clima de donde se vive. En una gran ciudad hay violencia y miedo. En ciudades pequeñas hay algunas inseguridades pero uno no esta tan resentido ni paranoico. En Londres la organización es increíble. Nunca vi una avenida tan transitada y tan poco trabada como Oxford Street en hora pico. Estaba en el 1º piso del clásico bus rojo londinense y tenia visual de todo lo que pasaba. Dos minutos de eso en Bs As y hubiese visto unos cuantos accidentes. La gente cruzaba las calles, los coches aguardaban en su línea transversal, los buses cedían el paso y los taxis también. No oí bocinas en ningún momento. Aún me cuesta creerlo. Es como en la escena de “Bee, The Movie”, donde cruzan la calle y se preguntan por qué dicen por ahí que la comunidad de abejas es la mejor organizada. Supongo que además de la situación demográfica también influye el clima. No es lo mismo el español del norte (a excepción del asturiano) que el del sur. Quien vive en el frío es más parco y territorial. Los que están sobre el mediterráneo es mas dado y el inmigrante se integra mucho mejor y más fácilmente. Claro que hablamos de rasgos generales. Siempre hay excepciones… en todos lados. Guardo muy buenos amigos de Valladolid, aunque el grueso de su gente es gente difícil. El italiano, bueno, para un argentino, los italianos y los españoles son casi de su misma sangre. Y pasa lo mismo que en argentina; el personaje de Madrid, Barcelona, Milano o Roma no tiene mucho que ver con alguien de Málaga, Logroño, Pádova, Jesolo o Verona como el Porteño no puede compararse con el Rosarino, el Cordobés o el Mendocino. De verdad que el bicho de ciudad es un toca-huevos profesional. Por lo menos en su mayor parte. En mi caso corre sangre italiana en mis venas. La primera vez que aterricé en Italia, que fue en el aeropuerto Malpensa, de Milano, lloré. Hacía un día de mierda (lloré de felicidad, no por el día). La verdad casi no veía las alas del aéreo. Era como estar dentro de una nube. Eran las 8am y el día no perfilaba bien. Un frío que calaba los huesos. Pero ya, hacia el mediodía, comenzó a despejar. Era como llegar a casa. Era sentir las raíces conectarse en mí. Era Italia. Cerca, hacía ochenta años, había nacido mi abuelo. Y aunque la verdad que era un tipo para olvidar, la sangre tira… y mucho. Me gustaría compartir todo esto con mis amigos. Pero es que están tan lejos… y cuesta tanto. Si ganase algún premio me los traería a todos, que no son muchos, pero si muy importantes y les mostraría cosas que vi. La torre Eiffel, Virgin Records en Paris, el Arco del Triunfo, el Senna, la alhambra, la noche Granadina en el casco antiguo… el Castello Sforzesco, su parque y su feria, Il Duommo, Via Venezia, Naviglio Grande, Jesolo, Venecia (y tooodas sus escaleras)… Oxford Street en navidad, Notting Hill, Camdem Town, Holbourne, el Hide Park, el cruce de Abbey Road, Westminster… las costas de Marbella, las Canarias… que se yo, es que hay tanto para conocer y hacen tanta falta los amigos. Soy un tipo afortunado… pero como dije antes, hacen tanta falta las “cosas” que tuvimos cuando no están…

viernes, 5 de agosto de 2011

Angeles y Demonios

Ángeles y Demonios, tantos libros, tantas series de bien y mal, películas y marchandising sobre algo que habita dentro de todos y cada uno de nosotros. Es el libre albedrío del que disponemos como seres humanos lo que nos hace buenos o malos, Ángeles o demonios a cada momento, en cada decisión. Tantas familias encendidas por las religiones en busca del perdón de sus pecados. Quien sabe que comete un pecado, sabe, mayoritariamente que no actuó bien. ¿Por qué no evitan tener que pedir perdón? Eso se puede hacer una, dos, tres veces. Luego… ¿no es adrede? Tantos iluminados escuchando los sonidos de Dios, transmitiendo sus palabras, tantos obscurecidos transmitiendo las enseñanzas del mal. ¿Cómo puedo creerles? Si al final veo que son personas con el mismo don de discernir como cualquier otra… Al único que le he creído hasta ahora es a Mozart y su música. Gente haciendo el amor, haciendo la guerra, haciendo la guerra por amor a su dios. Guerra Santa - Santa ironía. Tan tergiversada esta la mente del ser humano como para no poder abarcar todo el conocimiento que significa el amor, lo suficiente como para saber que ningún dios podría desear la destrucción de la vida. Sea cual sea la imagen que idolatren; Alá, Mahoma, Iahvé, Jesús, Siddhartha, Buddha o Ganesh, Isis, Orus, Saint Germain, Tomas Moro… tantos nombres, tantas ideas, tantos grupos tiene una misma raza. El separatismo social capitalista y burgués que hoy impera en el mundo “civilizado” (“Esclavizado”) por imágenes paganas de ideales impuestos por grandes mentes elucubradoras de estilos de vida y de pensamiento masivo hacen que las mentes creativas de quienes estamos con ganas de ser alguien, de tener una cara en particular terminemos usando mascaras de carnaval para ser aceptados en lo que al final es un no lugar sin tiempo; pero con una fiesta permanente de adoración a “Nada”. La muerte nos ronda cada vez más inexpresiva, cada día más incrédula de lo que sus cuencos ven. La muerte, luego de tantos siglos de existencia, se plantea la dimisión de su cargo, ya que tantos y tantos hombres viven muertos. Le damos el trabajo hecho. Y los que aun viven son asesinados o mutilados por quienes son incapaces de ver que la vida vale más que cualquier tipo de valor material. Ensayo sobre la ceguera de José Saramago es la imagen que viene a mi cabeza al ver tantos ciegos perdidos en sus móviles, corriendo a la oficina con sus corbatas al viento y sus valores depositados en “la caja más segura”. Es una pantomima de la realidad que se vive y se digiere a diario. Máscaras. La incapacidad del ser humano por sentir, por sentirse y hacerse sentir está cada día, cada hora más latente. Los lazos se arman, se definen y se defienden sobre valores de energías inertes. Si bien cada elemento de esta existencia tiene su vibración, el muerto-humano vive inmerso en la insipidez de una pseudo vida capaz de aplastar la inteligencia emocional mas lúcida. Es verdad que las culturas caen aplastadas por los muros de la super cultura. El desesperado intento de mejorarse como especie nos lleva a tener límites cada vez más inalcanzables. Quiero decir, la razón se puede ver empañada por ideales que no SON. Las ideas que se tienen sobre la manera de respirar, de degustar, de ver, de oír, de sentir… solo cinco sentidos nos quedaron con el correr de los siglos y de a poco los vamos asesinando. Esta carrera desmesurada y desesperada por la evolución consciente nos deja inconscientemente inválidos de sentidos. Respiramos menos de la mitad de lo que nos dan los pulmones. Ni hablar del fumador o de quien vive en ciudad. Explotamos nuestras retinas con horas de esfuerzos de trabajos frente a la pantalla de un ordenador o de una TV… o ambos. Comemos cada día mas comida rápida, grasas que revientan las pupilas gustativas (el corazón y todas sus arterias). Aquí también se ven más afectados los fumadores. Y agreguemos el olfato. El fumador es quien mas pronto pierde “todo su sentido”, hasta el de la misma existencia. El olfato, dejando de sentir los aromas bellos que tiene la naturaleza… el pasto, el olor a tierra mojada cuando llueve. Es que hace tanto que no los siento. Un ejemplo de masacre olfativo: viaje en subte en hora pico. Y no digo más. Quien pierde el sentido de la caricia está tentado a fracasar en esta idea de lo que queda de vida. El contacto de pieles, de calores humanos. El tacto de sentir a tu amor. Ese roce que pone los pelos de punta. Dónde está el sentido de la belleza?!… es una pregunta, es una sentencia. Lo que podemos tener de Ángeles queda en el libre albedrío. Cada uno de nosotros tiene un Dios en quien creer. Cada uno de nosotros tiene una imagen o se tiene a uno mismo para poder creer que puede salir adelante, para saberse y sentirse vivo. Si este Ángel personal no nos deja sentir la belleza y el amor de esta existencia podemos estar a la merced de nuestros demonios. Y quien dice que no cree en nada puede estar directamente perdido. Pero déjenme anoticiarlos: hasta el ser más ínfimo, si se encuentra perdido, puede encontrarse. Solo hace falta voluntad. Todos los seres humanos, sin excepción, tenemos la llama de la vida y la razón. Es una combinación más que muy fuerte, de características enormes. Es una combinación explosiva con la que contamos. Son nuestros poderes. Esos poderes que siempre soñamos con obtener por la caída de un meteorito, por la picadura de una araña especial, por el origen de una mutación genética, esos son nuestros poderes REALES. Tenemos el poder de decidir qué queremos que sea de nosotros. Tenemos el poder de DAR vida y de quitarla. Eso nos hace Ángeles o Demonios. Eso nos hace quienes somos. Es nuestra firma en la existencia. Desde el ser humano más famoso y poderoso político, al individuo al que creen más insignificante tiene estos poderes. Eso nos hace iguales. Eso nos hace humanos. Es decisión tuya y mía saber, en la realidad, fuera de todas estas historias, si somos Ángeles o Demonios… aunque muchos crean que esta existencia es un infierno… también puede ser el cielo. Todo depende del punto de vista. Como ya dijo tanta gente. Es solo una cuestión de actitud. Yo, te invito a volar, aunque no tengas alas. Cada día puede ser un cielo, más o menos tormentoso, pero un cielo al fin. Eso lo sé porque he visto reír niños que estaban más en la mierda que las moscas. Aunque lo pases muy mal, todos podemos salir a flote y respirar. Todos podemos ser mejores personas. Todos podemos SER. Es ponerse una meta, querer hacerlo. Hasta el Judas mas patético y villano puede dar vuelta su tuerca y tirar hacia un lado mejor. Todo Demonio puede ser un Ángel. No olvidemos que los Demonios son solo Ángeles que cayeron, que perdieron su rumbo, Ángeles caídos.

¿O tal vez lo encontraron?