martes, 13 de diciembre de 2011

Imagen y Semejanza


La putada de Dios fue poner un espíritu dotado de razón, tal vez el espíritu más completo de todas las formas de vida de este planeta, en un vehículo animal. Y digo Putada de Dios porque no dejo de ser un humano gilipollas. Pero por lo menos me planteo algunas cosas: ¿De dónde salen todas esas dudas, esos deseos inconexos y todas esas angustias por no poder ser quienes “sentimos” que debemos ser? ¿Por qué queremos inconscientemente más de lo que podemos apreciar os disfrutar? ¿Desde cuándo, y me refiero a toda la historia de la creación, un animal pudo pensar? Es que somos los únicos. Está claro que hay gente que tiene más contacto y consciencia con/de su parte animal; y viceversa. Es que hay de todo en este mundo. Y cito a Dios como ese ente energético que da vida a todo lo creado, y que mantiene vivos todos los aspectos de su creación. No me importa el nombre, la religión o el credo. Mucho menos (y remarco: Mucho Menos) los intermediarios. Cuando enferma la razón pueden pasar varias cosas, entre ellas la locura. Hay algunas que se detectan de acuerdo al entorno social en que viven los individuos pero hay otras, las más peligrosas, que son las que se aprenden. Son razones construidas por una razón enferma y que pasan de generación en degeneración por milenios. Por ejemplo, las religiones… y ahí volvemos a los intermediarios. Un grupo de ente creando a propio interés mandamientos limitantes y restrictivos de la naturaleza humana. Una biblia que habla sobre la ira implacable de un dios rencoroso y vengativo, quemando tierras enemigas y demonios no creyentes. También es un buen ejemplo el fundamentalismo religioso. Armadas de hombres capaces de matar y de morir por una idea que poco tiene que ver con la esencia espiritual de aquello que genera la idea. Y es que hay un corte de conexión entre la idea y la esencia de esa idea. “Dios es amor, matemos en nombre de dios”. “Guerras Santas”. Miles de vidas de dios muertos en su nombre por el mismísimo humano. Que yo sepa, ningún ser humano tiene la categoría espiritual suficiente como para decidir sobre la vida y la muerte. Hay genocidas mentales que provocan suicidios masivos con una idea errónea de lo que puede ser la espiritualidad. De todas maneras, no me preocupa tanto la realidad de que haya de esos personajes como el hecho también real de que haya tanta gente que los sigue. Dios está en todas las cosas. Seguramente también haya una razón para que esto pase y que escapa a nuestro terrenal raciocinio. Él es y esta en todas las personas. En todos los animales. En todas las formas de vida y de muerte también. Es amor. Y no creo que la guerra sea una demostración pura de amor y afecto al prójimo. Sí, estoy siendo sarcástico.
No pienso hablar de todas las maneras de enfermedad de razón que hay porque hay muchas que desconozco y otras de las que no podría hablar por abominables que son. Lo que si quiero mencionar es el hecho de que al no estar espiritualmente conectados con la fuente, se deforman las ideas de los valores buenos o malos. No es un juicio lo que estoy tratando de hacer. Es simplemente un llamado de auxilio a todos esos espíritus dormidos en vehículos de autodestrucción masiva. Creo que en el fondo, el humano es consciente de lo que debe hacer o no, de lo que está bien o mal. Lo único que debe hacer es escuchar a su corazón. Lo dijo el principito, lo dijo Ami, lo dijeron miles de seres mitológicos, mitad humanos mitad dioses y creo que hasta lo dijo Alf antes de decir: “No Hay Problema”. La cuestión es simple. El hecho de que haya tanto espíritu dormido y de que tanta gente actúe mas con el vehículo que con el chofer, está haciendo que esta tierra nos quiera quitar de encima. Es una preocupación que debe afectarnos a todos los mortales de este mundo. La falta de consciencia cósmica va a provocar daños astronómicos. Y ya lo está haciendo. En todo el mundo hay más movimientos que nunca. La capa de ozono está hecha mierda. El calentamiento global no para. Los climas están modificados. Ya no hay primavera ni otoño. Hoy ya hace mucho tiempo que veía y sentía esos cambios paulatinos perceptibles a los sentidos de un niño. Treinta años son mucho tiempo para mí… pero para la tierra no es más que una fracción de segundo. Y el cambio es grave. Dicen que en el 2012 reventamos. Bueno, puede ser… pero no de la manera que todos creen. Creo que va a ser un cambio más de consciencia que físico. Algo está pasando. La semejanza está cobrando vida en todas nuestras imágenes. Y es que Dios juega a los dados con nuestras existencias. Está comprobado físicamente. Y se divierte viendo cómo nuestras raras cabezas tratan de dilucidar cómo es posible que sus dados tengan siete caras. Quiero decir, la esencia de dios no nos será revelada. Deberemos hacer lo posible con nuestras consciencias para poder entender el por qué de esta vida. Y dudo que sea la mayoría quien encuentre respuesta. Pero por lo menos saber que hay cosas que no se hacen. Hay cosas que no se piensan. Hay cosas que no se desean. El cambio espiritual va ser drástico en su selección. Los desastres naturales están advirtiendo al hombre cuán poca cosa es en comparación con la inmensidad. Tal vez sea que lo eterno se manifiesta en extensiones gigantes para nosotros, simples transportadores de esencia eterna. Somos todos parte del todo. Somos todos parte. Somos uno. ¿Pero qué cojones tienen en la cabeza? ¿Por qué me siento extranjero en mi propio mundo? Es que las cosas que pasan y se ven a diario no tienen explicación alguna. No hay derecho a ser más que nadie. No hay derecho a no escuchar, a no ver, a no sentir. Y sin embargo, este puto mundo se va a la mierda porque la gran mayoría no encuentra la llave de contacto. La verdad me fastidia sobremanera ser un simple mortal. Mi espíritu está que explota en este lugar que eligió antes de caer. Tantos caídos queriendo una explicación. Tal vez la misma… la misma para todos. Y sabemos que no la vamos a tener. Entonces, entre toda esta maraña de sentimientos encontrados, ¿por qué no hacer lo primero que sabemos que está bien? Lleva exactamente el mismo esfuerzo, la misma cantidad de energía. Hasta quien tiene la razón enferma sabe que hay cosas que no son amor. Hasta el más perjudicado tiene chispazos divinos, porque lo divino se ve, se siente, se palpa. Todos tenemos acceso. Todo demonio es parte de este universo que todo lo ve, lo sabe, y lo ríe… tirando una mano de trece dados con siete caras. ¿Quién puede ganar este juego?

viernes, 9 de diciembre de 2011

Caminando Recuerdos (para leer con el video de bajofondo... de fondo)

http://youtu.be/Xk3vW6tVhwM

Salgo a caminar desde el recuerdo. Las hojas secas crujen mi andar desaforado por las calles porteñas bajo el sol de un día frio.  El smog adormece el olfato y metaliza la saliva. Sigo caminando, casi corriendo, queriendo dejar atrás las preocupaciones, las historias pasadas, los fantasmas que atormentan una cabeza pensante. Quiero quemar las ideas ficticias de una realidad que no fue. Quiero despertar del sueño de siete años y comenzar a ser yo. Así fue. Así era hace unos años. Camino desde el recuerdo y la nariz congelada por la humedad gélida se funde con la música que desprenden los auriculares entre melodías obscenas y violentas, tranquilidad sinuosa de un presente que se recuerda ya lejano. “Ya no me da pena dejarte un adiós”. Los minutos pasan como copos de nieve que explotan al tocar el suelo helado de Nunhead. Las historias se cruzan y me veo sonando un acordeón en un bodegón oscuro de la boca. Deseos fugaces que desaparecen en el candor de los segundos mientras mi mente sigue buscando situar el presente real entre tantos pensares. El fuelle hace mella en mi pasión y me concentro al cruzar Corrientes y Callao. El caos arremete contra mí mientras lo que busco es paz. Casi corro para llegar a cualquier lugar mas tranquilo. En Paseo Colón hay más verde. Vuelvo a pisar mas hojas por L.N.Alem y la mente alcanza la blancura normal de quien se tira al pasto y se pierde en el celeste del cielo. Las nubes como copos de azúcar gigantes endulzan mis recuerdos. Las historias se cruzan, el copo se tiñe de rosa y me veo regalando un beso a quien lo come en canarias. Los años pasan y mis cabezas se pierden en los tiempos. Vivo el presente y de vez en cuando me pierdo en el remolino de pasados que mis arrugas han surcado. El correr del tiempo deja marcas imposibles de borrar en esta y cualquier encarnación. Recuerdo el sur y su gente. Recuerdo Sarandí y su amor incondicional. Recuerdo Caballito y las promesas indefinidas que no pudieron ser. Recuerdo el templo budista y las amistades rotas. Recuerdo una vida llena de emociones. Una vida llena de vida. Nuevas amistades. Nuevas ilusiones. Todos son parte de mí, de lo que soy. Recuerdo Moreno ocho siete siete y todo lo ocurrido en esa esquina. Poca gente salió airosa de mis juicios finales. Recuerdo las charlas de lectura con una desconocida que no era más que una posterior amiga. Las sesiones de charlas interminables y gustosas con la inglesa. La única persona que conocí en persona en argentina gracias a internet. La amiga del alma que me dejo el Fotolog. La gente de paso. La gente que queda. La gente que me ha visitado en el mundo y la que quiso hacerlo. Y es que los humanos somos ríos que fluyen y vemos pasar hogares, arboles… sufrimos sequias, inundaciones… morimos o nos hacemos océano. O ambas cosas. Re-cuerdos re-locos brotan en mi consciencia. Entonces veo que mi cabeza vuelve a bajar de esos copos de nieve y retorna al presente lejano de mi pasado en Plaza Francia. El zoológico de personas es infinito. Hippies, drogatas, chics y turistas se funden en una fauna digna de conocer y que se repite en recónditos lugares al través del globo. Un viejo toca un violín más viejo que él y ambos suenan deliciosos en melodías clásicas imposibles de olvidar. La Traviata o Carmen reviven en los oídos y las emociones de quienes van y vienen en esa tarde de domingo junto al cementerio que abraza a todo aquel a quien le llega la hora de renacer. Entiendo idiomas que nunca hablé antes. Debo hacerlo. No es difícil. El humano, este donde este no se diferencia tanto por los idiomas como tampoco por sus habitudines. Sea lo que sea lo que hay detrás, un castillo, una plaza, un campanario colonial español, un cementerio o Notting Hill, siempre es igual. Uno se gana la vida detrás de la barra, otro compra lo que le gusta. Ferias. Mi Buenos Aires querido viaja conmigo y lo veo estampado en todos como si fuese una marca registrada de uso de gente, sea cual sea su origen. Un coche me sobresalta. Es que el verdadero presente se hace patente y me encuentra golpeando mis dedos en estas teclas negras que delatan mi amor y mi desesperación, mi tranquilidad y mis broncas. A través de ellas les hago llegar a todo quien me conoce y me quiere leer lo que tengo dentro y grita por salir. Las sensaciones de perderme en mi mismo y mis tiempos dejan dibujada en mi facción más actual una sonrisa. A pesar de todo dolor, la felicidad se hace sentir al final. Siempre que sepamos que morimos a cada segundo un poco, vamos a sentir esa sensación dulce de haber hecho lo correcto. Quien no sienta esa sensación es que aun no ha terminado de encontrarse. Mis recuerdos han traído viejos climas al presente, mi presente. Hoy está fresco en una isla que busca el sol en medio del océano atlántico. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vidas a Prueba

Mi corazón vibra, mi corazón va al galope esta tarde previa al invierno, previa a mis treinta y seis, previa a los fuegos de artificiales... fieles representantes de un año de artificios. No por ser artificial, no para mí. La burbuja de vida vieja ha quedado años atrás en el pasado. La burbuja atemporal que guardaba mi ser en su primera vida rompió aguas y dejo que me modelara nuevamente. Mis ojos cobraron la chispa otra vez. Los días se iluminan a diario aunque me aburra o llueva. La historia es otra. Esto recién comienza y todo a mi rededor cobra una vida que no tenía. Me siento bien. Suena bien. Mis dedos tiemblan al escribir y mi mente reposa en algún lugar que desconozco mientras las cosas salen de lo más profundo de mí. Aprendí a perdonar y lo desaprendí también. Vuelvo a estudiarlo a diario y no siempre apruebo la maldita materia. Las historias pasan a mi lado dejando que la mía se pasee a su aire y yo lo disfruto, lo gozo, lo deseo. Y me vuelven a joder por boludo, pero vuelvo a levantarme y a trabajar el perdón. Depende el día puedo llegar a aprobar con creces como lo haría un monje guerrero, otros días me enveneno en lo más profundo de mis rencores y odio con fuerza, tanta fuerza como he aprendido a amar. Y lo digo sin temor. Y lo siento sin temor. La vergüenza es agua filtrada en algún grifo submarino. Tiento al futuro a llenarme de sonrisas y billetes. A aprobarme el amor que hoy se sentir y que sentiré mañana porque mañana también será un hoy que aun no conozco. Pocas cosas hay seguras en esta vida y esto, irónica-mente, es la prueba de que casi nada es seguro. Lo que si es seguro, es que cada uno cosecha lo que siembra, cada quien recoge sus cosechas en esta vida. No es necesario esperar. No es preciso aguantar. Todo lo ve el gran ojo que es el ojo del comité universal de nuestros actos y si es sangre, sangre se cobrará. Si son risas, felicidad nos dejará. Las historias que se viven, que vives, que vivo cada día son reflejo de nuestros propios sentidos y sentires pasados. Todo lo que hoy tenemos lo hemos pensado. Y debo haber pensado y soñado muy bien para estar hoy donde estoy. Puedo escribir una canción o una poesía, un ensayo o una novela. Puedo componer una melodía o provocar un huracán de acordes con solo sentarme junto a mi guitarra. Todo es parte de mí. Todo es parte de ti. Las buenas y las malas irán contigo hasta que la muerte te separe de tu cuerpo, de esa comunión, de ese compromiso que tomaste al nacer. En la salud y en la enfermedad, si, contigo mismo y con tus malatías. Las ideas “son” ideales al momento de creerlas, y se hacen “reales” al momento de ejecutarlas. Las miserias y las riquezas no hacen más que formarte en la ilusión que portas en tu cuerpo desde el momento que empiezas a respirar hasta la última exhalación. La muerte es tan parte de tu vida como el nacimiento. Pocas cosas hay seguras en esta vida… el principio y el fin también son unas de ellas. No sabemos cómo y cuándo, dónde, por qué… pero esas cosas pasan en tu lugar, en tu momento, como una chispa que se enciende y se apaga. Lo que nunca sabremos es el por qué. Por lo menos mientras nuestros ojos se vuelvan a abrir. Sigo practicando el perdón, sigo intentando jugar conmigo y sé que hoy estoy perdonado. Sigo intentando creer que puedo soportar a quien me la juegan sin juzgarlos ni condenarlos. Sigo intentando probar a quien me pone a prueba. Sigo viviendo esta vida donde uno, por más que esté en su mejor día puede cruzarse con un ciego que tratara de joderte el momento. Pero no importa. Las vistas desde arriba de las nubes le dan a uno la sensación de “no pertenencia” a ningún lugar. Una sensación de que nada importa, excepto el amor. El propio, y aquel que compartimos con quienes elegimos amar. Cada día nos levantamos, nos lavamos los dientes, desayunamos y comenzamos la prueba de esta vida que pasa solo ahora, en este instante… y nos dormimos para seguir viviendo del otro lado, mientras el cuerpo se nutre y regenera. ¿Milagro? Quien no crea en ellos véase despertando cualquier mañana. Y si tuvo la gracia de volver a su cuerpo es que la vida aun le pone a prueba. Nuevos latidos. Nuevas miradas. Nuevas sonrisas. Nuevas palabras. Nuevos amores. Nuevos desencantos. Nuevas esperanzas. Nuevas lágrimas. Nuevas bocanadas… nuevas ideas. Nuevas aspiraciones. Nuevas divinidades que se hacen viejas al segundo siguiente. Mantenerlas está en la capacidad de todos. La voluntad. La facultad de ejercerla. Y tú te preguntas cuál es la prueba. Si la vida eres tú… La prueba eres tú. No te decepciones… solo eres otro más… parte de este juego… otro grano de arena en esta playa que se baña de sal cada mañana. Solo eres otra vida de todas estas vidas a prueba.

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Qué nos pasa?

¿Qué pasa contigo? ¿Qué pasa con él? ¿Dónde está la gente que me comprende? Es que las cosas que veo, que me cuentan y que siento, pocas veces tienen sentido. Las vidas tienen su curso para todo y para todos. Hay billones de vidas con caminos que no se tocan. Hay vidas que nunca se cruzan. Pero la mayoría que si se cruzan, que mantienen relación, para mal o para bien se parecen en cada punto del globo. Hay vidas que sufren la ignorancia de su propio ser y vidas que hacen sufrir a otras las propias ignorancias, miedos y sufrimientos. Hay vidas ajenas que sufren la ignorancia del mundo y hay vidas que reciben reconocimientos deleznables. Quiero decir, reconocimientos por nada. Estoy a por todas las vidas. Cada una tiene su derecho. Hasta el imbécil que es reconocido y premiado por imbécil. Pero es tan viejo como real el dicho que dice: tus derechos terminan donde empiezan los míos. Es una manera muy lógica y humana de mantener alejados a esos quienes andan por el mundo sabiendo muy en su fuero interno que no son lo que quisieron ser, esos que se sienten nadie frente a todos. Pero no todos entienden el sentido de este dicho. ¿Entonces que hacen? Claro que no tienen el valor de aceptar el fracaso y la frustración de no ser quienes soñaron, entonces se la toman con los débiles, los desesperados, los desamparados, los marginados. Es casi una maniobra política. Hay muchos ejemplos que podemos tocar, muchos más de los que muy a mi pesar me gustaría hablar, pero lamentablemente existen… tantos...  Uno que quiero mencionar es, creo, el más bajo que pueda haberme imaginado jamás presenciar. No sé bien por qué, pero hay gente sin luz, sin estrella, sin suerte que llevaron su vida a uno de los lugares más bajos y quedaron sin techo. Se la puede llamar de mil maneras, pero la más conocida es vagabundo, callejero, croto, errabundo, gandul… el tipo que por circunstancias de la vida terminó viviendo en la calle. Son su hogar un banco de plaza, un pedazo de tierra abandonado por el estado o por algún dueño que dejó de merodear su baldío. Puede ser una fábrica abandonada, la zona debajo del puente por donde no tardamos más de segundos en pasar. Ese segundo es el único lugar que muchos desgraciados tienen como base para sus días, se lo hayan buscado o no. Ese no es el tema de hoy. Hay tantas razones como personas de la calle para haber llegado hasta ahí. Algunas que se me ocurren: ignorancia, falta de voluntad, debilidad, tara, impotencia, comodidad, abandono, dejadez… no, mala suerte no; no creo en ella. Al parecer, a un fracasado de la vida, que aun tiene su departamento y su salario pero que no está contento consigo mismo se le cruzaron las dos únicas neuronas que le quedan y se pelearon en su cerebro, entonces se la agarró con el vegete del banco de la plaza y desde su balcón gritaba: “¡Viejo sucio! ¡Vete a otra calle Gandul! ¡Te pones aquí para dar pena! ¡Por qué no te vas a donde nadie te vea y pides limosna!” Acto seguido, le tiró un jarrazo de agua. La gente, bueno, la gran mayoría no decía nada. Y me quedo con esto, lo que pasó después es anecdótico. Pero con esta idea, ¿Quién le da el derecho a violar la poca integridad que le queda a quien tiene que vivir de esa manera? Algunos dirán, claro, puede irse a un refugio. Bueno, no siempre la gente tiene la cabeza lo suficientemente clara ni sana como para poder decidir… no creo que nadie se vea en esa situación por gusto. Y llevando esto mismo a otros ambientes: ¿Quién le da el derecho al jefe que insulta a sus empleados? ¿Quién le da derecho a infravalorarlos? ¿Y a tratarlos como mierda? ¿A hacerlos sentir menos? No olvidemos que hablamos de gente que se cree mas y ataca a gente débil, los quiere hacer sentir menos. ¿Quién le da el derecho al supervisor a presionar sin motivo ni razón a sus empleados al punto de causarles tal mal de hacerlos llorar? ¿Es que solo sabe volcar sus frustraciones personales de esa manera? ¿Es que es incapaz de recordar sus inicios? ¿Quién le da el derecho a un ser común a atacar porque sí a otro? ¿Es que el cargo les pesa? ¿Es que acaso tienen miedo de no saber qué hacer, de parecer ridículos, de que se den cuenta de que lo son, de que no son lo que creen ser? ¿Tan vacíos están estos seres como para querer vaciar, incomodar, lastimar y muchas veces traumar a quienes tienen a su rededor? ¿Cuán desconforme puede llegar a estar un ser humano consigo mismo como para hundir a otro por falta de auto tolerancia? ¿Peor aún,  si estos son sus subordinados? Es hora de decir “Basta”… siempre con educación y respeto, ese que no nos tienen a nosotros. Es que él/ella no es un buen ejemplo, y deben saber que todos aprendemos con los ejemplos. Todo en la vida de uno se forma a través de los ejemplos. Más allá de los cargos hay una realidad basada en el respeto a/de y por todos los seres humanos. Sé que estoy hablando de ideales. Claro que sí. “Dirán que soy un soñador”, dijo un loco en los 70’s. Un loco que terminó asesinado por otro loco, por uno peligroso. ¿Es esto irse a los extremos? Claro. Claro que es tocar el extremo de lo que tocan todos estos seres cansados de ser ellos mismos y por lo cual evaden el dolor presionando y atacando a esos que “parecen” y solo “parecen” indefensos. “Imagine” sigue vendiendo millones de copias. Y los débiles que en algún momento lloraron por la presión de un jefe idiota, se levantaron y se hicieron más fuertes. Porque es característico de los seres humanos hacerse más fuertes con el dolor. Señores/as que se creen algo superior, sépanlo: NO lo son. Son iguales a mí, a ellos, a ellas. En sus venas corre casi seguramente el mismo tipo sanguíneo que usted y, en caso de vida o muerte, esa persona a la que esta enterrando en mierda puede ser su donante, su única salvación. Bajo esas pieles caras y vaqueros de marca esta su propio culo y bajo él, los mismos tipos de músculos y huesos que viste su empleada bajo el uniforme horrendo que le dio luego de mandar a comprar por dos euros y medio. Si, es que somos humanos. Algunos dicen la peor raza, otros dicen la peor plaga, hasta oí decir que actuamos como virus: ocupamos, atacamos, arrasamos, vamos a destruir a otra parte. También se lo dice Morfeo a Neo. Pero todo pasa factura señores. Todo se paga en esta vida. Tal vez sea momento de beberse un vaso de agua y ver que en el fondo no hay nada más que vidrio. Las cosas son más normales de lo que parecen… Contenga lo que contenga el vaso y quede en él la cantidad de líquido que considere que queda.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cenizas y Sangre

Cenizas de cigarro, el humo en la ropa, olores fuertes.  Canciones tristes y rock and roll, voces lejanas y malestares, mareos. Poco entender de las cosas, las palabras y las personas… o cosas. El olor a alcohol en el aliento. Las ganas de descomer y luego el poderoso hambre que nos aliena. Sensaciones de momentos olvidados, flashes y pisos olorosos. Olvidos constantes y la imposibilidad de dormir. ¿Cuantos días? No lo sé. Pasaron las horas y mi mente se iba desdibujando en el horizonte. Las voces cada vez más lejanas querían hablarme, o lo hacían, pero yo no recibía su significado. El sol entraba por la ventana pero en mi mente era de noche. Estaba en otro país. Sufría jet-lag pero no había volado. ¿O sí? Estaba ahí, pero no estaba. Tal vez mi cuerpo y mi espíritu aun estaban desconectados. Y tal vez sea esta la respuesta que tanto buscaba. Deberían estar juntos, no separarse. Tal vez era la sensación de pérdida de control lo que me alienaba. Esa falta de poder controlar los movimientos trémulos que se apoderaban de mis carencias, de mi cuerpo, de mi mente, de mi espíritu, de mi ser. Esa sensación de no sentirme completo porque alguien en mi familia no estaba, alguien faltaba. Pero luego de los temblores que se habían hecho habituales, lo habitual pasó a ser lo inhabitual. O al revés. No lo sé. La cuestión final era la falta de sentidos, es que no sentía. O sentía demasiado. Siempre dependía del momento. Los vapores tóxicos de esas bocas que me abrasaban, esos halitos penetrantes que se acercaron a mí y me conquistaron, las bocas de fuego que me quemaron en mi propio infierno personal, individual, solitario, completamente solo, rodeado de caras, de gentes, de rostros desdibujados de realidad, de cuadros comestibles, cuadros con vida propia, gentes del todo pero solitaria, solitario, solitarios. Principios de fines que aun no habían comenzado y que se fundían en el estiércol de la eternidad. Calamidades horrorosamente bellas de momentos que nunca morirían. Todo pasado, todo pisado. El pasado no es más presente. Y los presentes hoy tienen otros tintes, son regalos increíbles cargados de aromas fluorescentes desde la insoportable levedad del ser. Lo maravilloso en lo más simple. La perfección en la simpleza de dos o tres acordes. Nada se pierde, todo se transforma. Voy citando canciones que me quedaron marcadas desde la originalidad lo inabarcable de la belleza. Sentidos de Dios eran necesarios para poder entender lo incomprensible. Vómitos palabrales de un instante donde todo sale. Donde la mente se despeja entre acordes y distorsiones, desde el lugar del piacere di dire quello que voglio. Senza limitazione. Las palabras que salen porque si, sin dar explicaciones. La pura libertad sentida en un instante de arte y revolución. Una revolución interna que todo ser vivo siente en algún áttimo della loro vitta. Ese instante en que se grita “basta” sin decir una sola palabra. Perdido en un girar y girar de sentimientos. Esos instantes eternos donde quedamos marcados de por vida. Un aroma. Un color. Un calor. El contacto. Esa piel. Ese día. Esa lluvia. Aquella noche eterna. Y las cosas siguen pasando mientras morimos. Mientras vivimos. Y cuanto más morimos más nos apetece vivir. Más nos apetece sentir. Mas incontrolable se hace la búsqueda interna hacia la felicidad. O hacia lo que cada uno de nosotros creemos que es la felicidad. Esa necesidad casi absoluta de sentir el amor. Y de profundizar en eso. Pobre de aquel que tenga adormecidas las glándulas del sentir. Pobre de aquel que se niegue al amor. Pobre del que solo junte cenizas y aromas penetrantes a lo largo de sus días. Porque al final se va a dar cuenta de que todo lo que necesitaba lo tenía ante sus ojos. Pero lo dejó zarpar. Sólo había humo en la visión. No había fuego en su mirar. Pero se encendían ambos en la locura de la vida, del instante, del creer que todo comenzaba al acabar. Esa idea de la eternidad sepultada bajo la creencia de lo que podrá pasar. Cierro los ojos. Vuelvo a mi vida cotidiana. Vuelven los bajos a mis oídos, retumbantes como latidos de un corazón que aún no se detiene. Vuelvo a ser. ¿Ser?

martes, 18 de octubre de 2011

Yin Yang

Fui feliz el momento en que nací aunque no recordase muy bien qué pasó luego.
Fui feliz al sostenerme parado y trastabillar mil veces aunque me doliese cada una de ellas.
Fui feliz ante la sonrisa de mi madre aunque llorase muchos años después.
Fui feliz al ver a mi hermano en sus brazos, recién nacido, aunque nos costase muchos años crecer y amarnos.
Fui feliz al encontrar los ojos compinches en mi amiguita de jardín de infantes, aunque luego la olvidase en mi niñez.
Fui feliz cuando Jessica, Florencia y Mariana me invitaron a sus cumpleaños aunque fuesen los únicos que recordaría.
Fui feliz cuando viajé para seguir mi destino aunque me llevase al dolor y la pena de la soledad y la marginalidad.
Fui feliz al encontrarme conmigo fuera de las tinieblas del olvido aunque casi muriese más de una vez en el intento de perderme.
Fui feliz con el primer beso de mi primera novia aunque luego de un tiempo no nos viésemos nunca más y hubiésemos roto todas nuestras fotos.
Fui feliz al encontrar en mi primer mujer a quien me seguia donde fuera que fuese, aunque la hubiese entregado a su soledad y dolor más de una vez al no comprender mi propio dolor y mi propia soledad de saberme abandonado.
Fui feliz cuando conocí la magia de un momento aunque aprendiese también que ese momento jamás volvería a repetirse.
Fui feliz en Bariloche la primera la segunda y la tercera vez que fui aunque nunca tuviese el mismo atardecer.
Fui feliz al subir al escenario totalmente limpio aunque luego muchas veces más me ensuciase hasta caer.
Fui feliz al sentir los aplausos dentro de mí aunque los olvidase con el tiempo.
Fui feliz cuando conocí la vida aunque casi me costase la muerte.
Fui feliz al ver que el sol se apagaba en la montaña aunque la noche fuese fría y oscura y estuviese, solo, disfrutando el baño perlado de la nostálgica luna primaveral.
Fui feliz al sentir la música en mi corazón aunque mis heridas doliesen hasta explotar en llantos trémulos. 
Fui feliz al estallar de placer cuando al fin nos re-encontramos con ella, aunque hayamos vivido muchos intentos fallidos y los volviésemos a vivir hasta terminar irreconciliables.
Soy feliz al encontrar en cada momento de mi vida un instante de felicidad aunque en un par de segundos todo se vuelva a apagar y me funda en la adormecida masa de constante mediocridad que envuelve a la rutina y a la gente haciendo de ellas un solo pensamiento.
Soy feliz al encontrar en mi corazón un lugar cálido para estar aunque las cicatrices hayan endurecido su piel y aún no esté lo suficientemente permeable para irradiar ese calor.
Soy feliz al saber que puedo regalar estos momentos de mi vida a gente que amo y me ama, aunque quizá nunca contesten o me comenten algo de sí mismos.
Soy feliz al saber que ésa gente que amo no espera esto para decirme que me ama y no tengo que dar demasiadas explicaciones cuando les digo que siento por ellas amor.
Soy feliz aunque sepa que la felicidad que me embarga sea una nube pasajera y no sepa muy bien cuándo sea la próxima vez que emborrache mis sentimientos de amor y dolor suficientes como para escribir éste Yin Yang de alma, corazón y ser en plenitud.


Pasaron seis años desde que escribí este Yin Yang, pero a pesar de cambiar la manera de ser, de sentir y de ver, la esencia de la felicidad sigue funcionando por momentos. La Felicidad es más que solo un momento. Son todos esos buenos sentimientos hilados por el amor. ¿Y si creemos en el Amor? Yo elijo el amor.

lunes, 17 de octubre de 2011

Amistades y Desiluciones

Entre acordes de Caballeros de la Quema y Divididos conocí al que durante muchos años fue mi mejor amigo. Trece años de amistad. Pasamos muchas cosas. Nos presento el que hasta ese momento era el mejor amigo de él y un muy buen amigo mío… pero hasta él desapareció. El increíble lazo que une esas despedidas (tristes por cierto) fue mi casamiento. Resulta que quiso entender que el casamiento me llevaba para siempre, que no iba a ser más el mismo. Bueno, en cierta forma cambie. Engordé y el pelo fue cada vez más corto. Creo que pasa en el noventa por ciento de los casos. Como dice Andrés con Bersuit, quien “antes era fibra ahora se convierte en grasa”. Decía que el lazo que une mis despedidas fue mi casamiento. O más bien, mi relación con esa chica. Al unirme a ella se fue “uno”, al separarme, luego de siete años de relación, se fue “dos”. La vida pone a uno a prueba muchas veces… y con esto pone a prueba a todos los satélites que acompañan a uno en este viaje. Y fue que en el preciso momento en que más lo necesitaba se puso a cuestionar que había hecho o dejado de hacer con mi ex. Se “ofendió” por creer que no le había contado todo. Yo flipe (flasheé) dándome cuenta que se estaba yendo por el resumidero una relación de trece años por una o dos conjeturas sin sentido ante tamaña situación. Fue una de las etapas más dolorosas de mi vida. Psicológicamente estaba hecho mierda. Era la prueba más fuerte que atravesaba. Eran los sentimientos más encontrados por los que pasé. El amor de mi vida había caducado a los siete años. No sabía cómo manejarme. No sabía que decir o que callar. No tenía con quien hablar. Y este gilipollas se borraba del mapa cuando más lo necesitaba. Pero la vida es así. No tiene vuelta atrás. Cuando se corta el hilo de plata que nos une a unos con otros, por mas remendado que este después, ya está cortado y no es mas lo mismo. Me sentí muy solo en el fondo del pozo. Pero como te digo una Co te digo la O… se dice que Dios aprieta pero no ahorca. Y fue así. Gente con la que no contaba estuvieron presentes de una manera absoluta y desinteresada. Gente que conocía poco y nada abrió su corazón y lo compartió con el mío. Fue como cuando un motor se queda sin batería pero se conecta con otro y el coche arranca. Esos chispazos de energía me catapultaron a tomar una bocanada inmensa de aire y soltar toda la mierda. Me llevaron a ver los días con una nueva cara. El dolor del pasado no cicatrizó fácilmente. Pero creo que ninguna herida sentimental cicatriza fácilmente. Me subí a un nuevo barco y éste me llevó lejos. Fue como un renacer. Un período de llantos de dolor y a veces hasta sin sentido. Era llorar por llorar. Habrán sido un par de meses. Amistades viejas pero presentes en lo más profundo me dieron su techo (sea por Dharma o por lo que sea) y apoyaron una mano en mi hombro dándole una vela a la negrura más espesa. Viéndolo de lejos creo que fue el llanto de un recién nacido que llora por no saber dónde está o qué es lo que siente. Será el dolor del aire circulando por primera vez en los pulmones. Serán las venas hinchadas por los borbotones de sangre impulsadas por un corazón nuevo. Será que el alma ajusta los controles del nuevo vehículo. Será que los sentidos queman al usarse por primera vez. Será que no se entiende muy bien lo que pasa. Que no se sabe lo que pasa. Por algo vinimos. Por algo estamos aquí. Y por algo pasamos todo lo que pasamos. Por algo a muchos nos pasa de renacer en algún momento de nuestra vida y revivimos todo lo que antes sentimos por primera vez. Será que el crecer duele como duele el vivir. No me refiero a un dolor feo. Quiero decir; hay dolores dulces, dolores que dan placer. Sé que pasé por todo eso y no me gustó en ese momento, pero al mismo tiempo sabía que estaba cambiando la piel. Sabía que el “vivir solo cuesta vida”, como dijo el Indio Solari. Sabía que todo eso iba a pasar y que estaba pasando por algo bueno. Las decisiones se toman por algo y no me arrepiento de haber desplegado mis alas. Tal vez, la sensación de caer me abatió por un tiempo. Es que hasta los ángeles caen y comienzan a vivir lo que nosotros, los humanos. Creas lo que creas, sabes bien que todos cambiamos. Algunos de una manera, otros de otra. Algunos se hacen agua y se amoldan en un nuevo caudal. Otros ardemos como el Fénix y resucitamos de nuestras propias cenizas. Están los que vuelan con el viento siguiendo la dirección que él disponga. Pero todos, todos somos capaces de salir del capullo y volar luego de ser gusanos de seda o de mierda. Todos tenemos la misma posibilidad de evolucionar para ser mejores seres humanos. Todo lo que me pasó con mis amores y mis amigos, que de alguna manera también son amores, fue para crecer. Nada me fue indiferente. Todo marcó alguna cana en mi sien. Todos forman parte de mis facciones, mis dichos, mis muletillas y mi manera de dirigir la mirada, de mirarte y de mirarme. Todos nos tocamos en alma y espíritu. Porque al final, aunque lo neguemos o reneguemos de ello… todos somos uno. El día que esto se entienda, otro amanecer nos alumbrará desde el infinito. Quiero agradecer a todas las personas que de una u otra manera, positiva, negativa o ambas, dejaron parte de sí mismos en mí, afectándome y haciéndome quien soy. No sería quien soy sin todas las marcas que me dejó esta vida hasta hoy. Y es que sigo siendo tierra arada esperando el germinar de nuevas cosechas. Si, sigo conociendo gente. Sigo vivo… y así es la vida.